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Terremoto en Venezuela y el riesgo de informarse más allá de lo saludable. Por María José Millán Monares, Académica Psicología, Universidad Andrés Bello

Con una trayectoria cercana a los cien años formando profesionales, la PUCV pone a disposición de los estudiantes espacios presenciales y digitales para resolver dudas sobre carreras, puntajes y vida universitaria.

Informarse sobre lo ocurrido en Venezuela no es en sí mismo perjudicial y la empatía hacia quienes atraviesan esta tragedia es una respuesta humana esperable, pero debemos entender que cuando la exposición se vuelve permanente, sin momentos de desconexión, y cuando el contenido visualizado incluye permanentemente imágenes explícitas de sufrimiento y tragedia tiene consecuencias en nuestra salud mental.

Diversas investigaciones han documentado que la exposición mediática repetida a eventos traumáticos colectivos puede producir niveles de estrés agudo comparables, a los experimentados por quienes vivieron el suceso de forma presencial. Ver contenido perturbador de manera reiterada prolonga la experiencia de alerta emocional, pues recuerda constantemente al cerebro la existencia de una amenaza, favoreciendo pensamientos intrusivos y una sensación sostenida de vulnerabilidad. El sistema nervioso no siempre distingue con claridad entre un peligro presente y una imagen que se repite en una pantalla, por lo que puede activarse una respuesta de estrés similar a la que provocaría una amenaza real.

En Chile, vivimos uno de los mayores terremotos y posterior tsunami de la historia y sus consecuencias todavía están en la memoria colectiva. Para quienes atravesaron esa experiencia, observar día tras día escenas de destrucción, búsqueda de sobrevivientes y recuperación de cuerpos en otro país puede actuar como un recordatorio emocional que reactiva memorias asociadas al propio evento vivido. La literatura sobre estrés postraumático señala que ciertos estímulos, aunque no estén directamente vinculados al hecho original, pueden funcionar como disparadores que reinstalan sensaciones de miedo, indefensión o angustia que se creían superadas.

La exposición prolongada a este tipo de noticias también puede afectar a personas sin antecedentes de trauma directo. El seguimiento constante de contenidos relacionados con catástrofes se ha asociado a un aumento de síntomas ansiosos, alteraciones del sueño, dificultad para concentrarse y una percepción distorsionada del nivel de riesgo cotidiano.

Por esta razón es que, si bien nos preocupa lo que ocurre y empatizamos con la comunidad venezolana, debemos regular conscientemente el tiempo dedicado a este tipo de información, así como elegir fuentes que informen sin recurrir a un despliegue innecesariamente gráfico.  Esto no es una forma de indiferencia, sino una medida de cuidado psicológico legítima y necesaria.

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