Mientras la CMF informa que el parque de vehículos asegurados alcanzó la cifra histórica de 2,2 millones de unidades, la industria tradicional sigue obligando al usuario a tramitar la burocracia de un choque por su cuenta.
Sufrir un accidente automovilístico ya es una situación estresante, pero para miles de chilenos el verdadero desafío comienza después del impacto. La espera para que el vehículo sea evaluado, ingresado al taller y finalmente reparado se ha convertido en uno de los principales dolores de cabeza de los consumidores, un fenómeno que la autoridad financiera sigue de cerca.
De acuerdo con la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) el número total de vehículos asegurados en el país alcanzó un récord histórico de 2.227.842 unidades. Según el último reporte correspondiente al segundo semestre del 2025, los tiempos promedio de reparación de vehículos motorizados siniestrados continúan bajo la lupa.
Entre julio y diciembre de 2025, el tiempo promedio entre la denuncia de un siniestro y la disponibilidad del vehículo para retiro por parte del asegurado fue de 52,3 días, que continúa con la tendencia a la baja iniciada en el año 2023. El panorama actual deja al descubierto una problemática estructural, contratar un seguro es un trámite inmediato y digital, pero la posventa sigue atrapada en la burocracia. Tras un choque, el conductor suele quedar solo en un laberinto de coordinaciones en el que debe interactuar de forma independiente con el liquidador, la compañía, el servicio de grúa y los talleres asignados, un proceso fragmentado que dilata las soluciones.
¿Por qué se extienden los plazos?
Quienes analizan el sector explican que el retraso no siempre se debe a la falta de repuestos o a la capacidad técnica de los talleres, sino a los «tiempos muertos» administrativos entre las distintas etapas de aprobación. Aproximadamente el 1% de los automovilistas con seguro presenta un siniestro activo al mes, lo que genera un flujo constante de vehículos ingresando al sistema.
Frente a este escenario, el mercado ha comenzado a exigir modelos que apunten a la eficiencia logística y a aliviar la carga del usuario. Mario Zegers, Product Manager de Seguros de la startup de servicios automotrices Carvuk, señala que la clave para mejorar la experiencia no está solo en acelerar el trabajo del mecánico, sino en eliminar la fricción administrativa para el cliente.
«El gran problema del modelo tradicional es que, una vez que contratas el seguro, las compañías suelen desligarse de la gestión cotidiana y el usuario termina hablando con varias figuras distintas para saber en qué está su auto al momento de un siniestro. En el contexto actual, donde los tiempos de respuesta son críticos, el siniestro debe ser llevado de forma integral por un solo actor. Al unificar la coordinación con la aseguradora, el liquidador, la grúa y el taller, no solo mejoramos la experiencia del cliente, sino que optimizamos los flujos logísticos para que las personas reciban su auto en el menor tiempo posible, sin tener que moverse de su casa”, afirma Zegers.
Por el contrario, cuando el proceso se gestiona de manera fluida y transparente, el comportamiento del consumidor cambia radicalmente. Desde Carvuk revelan, por ejemplo, que bajo un modelo de asistencia activa donde la empresa asume toda la carga del siniestro, la tasa de retención es tan alta que la principal causa de baja de los usuarios es, simplemente, la venta del auto. Una vez que ese cliente adquiere un vehículo nuevo, vuelve a contratar el servicio, demostrando que en el Chile de hoy, el activo más valorado por los conductores es el tiempo.
Ante las cifras y herramientas de comparación publicadas por la CMF, el desafío para la industria automotriz y de seguros está no solo en el precio de la póliza, sino en la capacidad de respuesta y en humanizar un proceso que, hasta ahora, sigue siendo el gran cuello de botella del parque automotor nacional.