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¿Padres helicóptero? Expertos alertan sobre los efectos de controlar cada paso de los hijos

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Académicos de la Universidad de La Serena analizan cómo ciertos estilos de crianza pueden influir en la aparición de ansiedad y en el desarrollo de habilidades para enfrentar la vida cotidiana.

En una sociedad donde muchos padres buscan proteger a sus hijos de cualquier dificultad, especialistas advierten que el exceso de supervisión y control también puede tener consecuencias. Esta es la popularmente denominada crianza de los «padres helicóptero», caracterizada por una intervención constante en las decisiones, conflictos y responsabilidades de niños y adolescentes.

Esto ha despertado el interés de expertos, quienes señalan que encontrar un equilibrio entre el acompañamiento y la independencia resulta clave para favorecer un desarrollo emocional y educativo saludable.

En relación al impacto que esto podría generar, el académico del Departamento de Psicología y coordinador del Centro de Atención Psicológica y Salud Integral (CAPSI) de la Universidad de La Serena, Nestor González, explicó que “los estilos de crianza sobreprotectores constituyen un factor de riesgo significativo para el desarrollo de trastornos ansiosos durante la infancia y la adolescencia”.

De acuerdo al psicoterapeuta en trastornos del ánimo, “cuando el progenitor interviene anticipadamente para suprimir el malestar, el niño no desarrolla tolerancia a la incertidumbre ni capacidad de afrontamiento. La evitación produce alivio inmediato, pero consolida a largo plazo la percepción de amenaza y la creencia de incompetencia personal”.

“La conducta del padre helicóptero comunica, implícita pero sostenidamente, que el entorno es peligroso y que el hijo carece de recursos propios para enfrentarlo. Esta calibración errónea del riesgo se internaliza como un sesgo atencional hacia la amenaza, que es uno de los marcadores cognitivos característicos de los trastornos de ansiedad”, sostuvo.

Ahondando en esto, el experto en trastornos ansiosos detalló que “un temperamento infantil inhibido puede provocar una mayor conducta protectora en los padres, y esa protección, a su vez, profundiza la inhibición. Se configura así un ciclo que, sin intervención, tiende a cronificarse hacia la adolescencia, frecuentemente con comorbilidad ansioso-depresiva”.

“La sobreprotección interfiere con tareas del desarrollo que son normativas y necesarias, como la exploración autónoma, la tolerancia a la frustración y la construcción gradual de un sentido de eficacia personal. Al obstaculizar estos hitos, se favorece la ansiedad y se compromete el desarrollo de competencias regulatorias cuya ausencia tendrá impacto en la adultez temprana”, advirtió.

En línea con esto, el psicólogo hizo hincapié en que “la crianza saludable habilita progresivamente al niño para enfrentar desafíos acordes con su etapa evolutiva, mientras que la conducta del padre helicóptero tiende a impedir ese proceso al anticiparse y resolver las dificultades por él. Un cuidado saludable valida la emoción del niño sin reforzar la conducta de evitación, ya que el progenitor reconoce su miedo y, al mismo tiempo, lo acompaña a enfrentarlo de forma gradual”.

González también adelantó que existen señales observables que permiten identificar cuándo la preocupación ha derivado en sobreprotección.

“En el niño se observa evitación de actividades propias de su edad, búsqueda constante de aprobación y síntomas como cefaleas o malestar gastrointestinal ante nuevos desafíos. En los padres helicóptero, en tanto, predominan el control excesivo, la resolución anticipada de problemas, la preocupación constante por los riesgos y la manifestación de su propia ansiedad frente a los hijos, ya sea con palabras  o a través del comportamiento”, detalló.

Frente a esto, el magíster en Psicología Social señaló que “un indicador especialmente útil para las familias es el patrón de búsqueda de tranquilización reiterada, que es cuando el niño pregunta una y otra vez si algo saldrá bien y recibe alivio momentáneo del progenitor, consolidando un círculo que perpetúa la dependencia. La respuesta saludable no consiste en multiplicar las garantías, sino en devolver al niño la confianza en su propia capacidad de afrontamiento”.

Acompañar sin sobreproteger

En relación a este tema, el psicólogo y académico del Depto. de Psicología de la USerena, Javier Latorre aseguró que “esto se produce porque generalmente los padres sobreprotectores no toleran la posibilidad de error de sus hijos o el no cumplimiento según expectativas de terceros. Este estilo de crianza, si bien aparenta preocupación y cariño, en el fondo se ejerce desde las necesidades de los padres, más que de la distinción y acompañamiento de las necesidades de los niños”.

Latorre también dijo que “a largo plazo, suele impactar en el desarrollo de la identidad de los niños, generando una autoestima de cualidad negativa, dependencia emocional excesiva y síntomas ansiosos o inhibición social, con escasas estrategias de desenvolvimiento social”.

El especialista en psicología clínica adulto, también se refirió a las estrategias que pueden implementar las familias para acompañar a sus hijos sin limitar el desarrollo de su independencia.

“La estrategia fundamental es el acompañamiento permanente, centrado en las necesidades de conocimiento de los niños según las demandas escolares, con una supervisión cercana para fomentar que sean los propios niños los que resuelvan las tareas”, agregó.

El Máster en Psicología Clínica y de la Salud, también indicó que “expresar incondicionalidad es fundamental, también es deseable el establecimiento de rutinas, horarios y una buena organización estable durante la semana para la dedicación a las tareas escolares, además de fomentar la autonomía, responsabilidad y confianza progresivamente a medida que crecen y adquieren mayores capacidades y habilidades mentales”.

Sumado a esto, el Dr.(c) en Psicología, recalcó que se debe “intentar que sean los hijos quienes resuelvan, a través del planteamiento de preguntas más que respuestas a los desafíos que tengan, de modo de fomentar que sean ellos quienes propongan soluciones, reforzando y reconociendo el esfuerzo para desarrollar confianza en sí mismo, además de ayudar a que en casa se establezcan espacios de estudio adecuados para favorecer que la dedicación escolar se viva de manera grata”.

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