El último estudio de CORPA revela una paradoja en materia de seguridad: mientras aumenta la victimización, disminuye la violencia asociada a los robos. Pese a ello, la percepción de inseguridad sigue en alza entre los habitantes de la Región Metropolitana. El informe también advierte que los robos en el transporte público continúan aumentando y golpean especialmente a los mayores.
Uno de los principales hallazgos del informe realizado entre mayo y junio 2026 es que aumenta la victimización. El porcentaje de personas que declaró haber sido víctima de un robo o intento de robo durante el último mes subió de 18% a 23%, una de las alzas más altas de las que se tiene medición.
La baja se observa en la violencia con que se cometen estos delitos. Entre quienes fueron víctimas de robo, el porcentaje de personas que sufrió un hecho con violencia cayó de 44% a 32%, reflejando una disminución significativa respecto de la medición anterior.
«La disminución de los delitos observada durante los primeros meses de 2026 se revirtió en la medición de mayo-junio, cuando la victimización subió de un 18% a un 23%. Si bien la vía pública sigue concentrando la mayor parte de los robos, el transporte público muestra un alza significativa, reflejando un cambio en el patrón de estos delitos», señala Pavel Castillo, gerente de Intelligence y economista conductual de CORPA.
Sin embargo, la reducción de la violencia no ha ido acompañada de una mayor sensación de tranquilidad entre los habitantes de la capital.
El estudio muestra que la percepción de inseguridad aumentó de 25% a 27%, mientras que el porcentaje de personas que declara sentirse segura disminuyó de 29% a 26%. Asimismo, creció de manera importante la proporción de quienes consideran que Santiago está hoy menos seguro que hace un mes, pasando de 33% a 40%.
Los resultados también muestran un cambio en los lugares donde ocurren los delitos. Aunque la vía pública continúa concentrando la mayor parte de los robos, su participación disminuyó de 65% a 58%. En contraste, los robos en el transporte público aumentaron de 21% a 29%, consolidando una tendencia al alza observada durante las últimas mediciones.
Al analizar los resultados por segmentos, el estudio revela diferencias importantes. Las mujeres presentan una mayor percepción de inseguridad que los hombres, mientras que las personas entre 56 y 65 años son el grupo que manifiesta el mayor nivel de preocupación: un 49% declara sentirse inseguro al vivir en Santiago.
El nivel socioeconómico también marca diferencias. En el segmento C3D, el 35% de las personas se considera insegura, cifra que contrasta con el 10% registrado en el grupo ABC1.
La mayor percepción de inseguridad también parece estar relacionada con una mayor exposición a la delincuencia. Entre las personas de 56 a 65 años, el 40% declaró haber sido víctima de un robo o intento de robo durante el último mes, muy por sobre el promedio general de la muestra.
En este mismo grupo etario se observa otro cambio relevante: el 49% de los robos sufridos ocurrió en el transporte público, muy por encima de otros segmentos de la población. En contraste, entre los jóvenes de 18 a 30 años la mayor parte de los delitos continúa concentrándose en la vía pública.
El estudio también evidencia diferencias en la violencia de los delitos según el perfil de las víctimas. Entre quienes sufrieron un robo, las mujeres reportan una mayor proporción de hechos con violencia que los hombres. Asimismo, los jóvenes de entre 18 y 30 años concentran el mayor porcentaje de robos violentos entre todos los grupos etarios analizados.
«El aumento de la percepción de inseguridad es consistente con el repunte de la victimización observado en la última medición. La sensación de inseguridad no depende únicamente de haber sido víctima de un delito, sino también de cómo evoluciona el contexto. Por eso, aunque algunos delitos sean hoy menos violentos que en años anteriores, un incremento en su frecuencia basta para elevar la percepción de riesgo», manifiesta Castillo.
El estudio plantea que la seguridad debe analizarse desde dos dimensiones: los hechos delictuales y la percepción de la ciudadanía. Si bien ambas suelen avanzar en la misma dirección, esta medición evidencia un desacople: mientras disminuye la violencia asociada a los robos, aumenta la percepción de inseguridad entre la población.