En los meses de invierno, el frío nos empuja a pasar más tiempo en casa, encender estufas, preparar y consumir líquidos calientes y usar guateros antes de dormir. Estas acciones convierten en la principal causa de que cientos de niños chilenos terminen sufriendo un accidente con consecuencia de quemaduras.
Coaniquem lo registra desde hace años, el mes de julio encabeza, de forma sistemática, los ingresos por quemaduras agudas en menores de 20 años, superando incluso a enero, mes de mayor actividad infantil al aire libre en los meses de vacaciones de verano.
¿Por qué ocurre estos accidentes en casa? el 93% de estos accidentes sucede con un adulto presente y el 78% ocurre dentro del hogar. No es hablar de negligencia, estar en casa es sinónimo de seguridad, sin embargo, basta darle la espalda a la olla un instante o dejar el hervidor al alcance de la mesa para que un segundo de distracción se transforme en una lesión que puede marcar a un niño de por vida.
El invierno multiplica los riesgos porque multiplica las fuentes de calor en la casa como estufas a gas o parafina, calefactores eléctricos, hervidores que hierven agua varias veces al día, guateros y calientacamas: todos, indispensables para combatir el frío, pueden causar quemaduras graves en segundos, sobre todo en la piel delicada de un niño. A eso se suma que, los niños pasan más horas en la casa como la cocina o living, muchas veces jugando cerca de donde los adultos cocinan, se alimentan o se calefaccionan.
Estas situaciones se pueden prevenir con medidas simples como mantener a los niños a distancia segura de estufas y calefactores, usando rejillas cuando sea posible. Nunca se debe cocinar o servir líquidos calientes con un niño en brazos, y las tasas de las ollas deben apuntar hacia el interior de la cocina. Los hervidores y termos deben guardarse fuera de su alcance, nunca sobre manteles que puedan tirarse desde abajo. Y si se usan guateros o calientacamas, conviene revisar que no tengan fugas, no aplicarlos directamente sobre la piel y retirarlos de la cama antes de acostar al niño.
Lo esencial es entender que la prevención no depende de vigilar constantemente, algo imposible para cualquier cuidador, sino de anticiparse: pensar la casa desde la altura y la curiosidad de un niño, y sacar de su camino lo que puede hacerle daño.
El mes de julio nos recuerda que el hogar también puede volverse peligroso, se debe revisar dónde está la estufa, dónde se guarda el hervidor y cómo se usa el guatero. Esas pequeñas precauciones pueden evitar que una tarde de invierno termine en un mal momento.