A propósito del sistema frontal que afecta a gran parte del país, académica de Medicina Veterinaria de la Universidad Andrés Bello advierte que el contacto con agua estancada y barro puede exponer a las mascotas a bacterias, parásitos e infecciones que incluso pueden transmitirse a las personas.
Con el regreso de los paseos después de varios días de lluvia, muchos perros vuelven a disfrutar de parques, plazas y áreas verdes. Sin embargo, lo que parece una salida normal puede esconder riesgos importantes para su salud cuando existen charcos, barro o agua estancada.
La doctora Karen González, académica de Medicina Veterinaria de la Universidad Andrés Bello, explica que estos ambientes favorecen la presencia de microorganismos capaces de provocar enfermedades tanto en animales como en personas. «El agua estancada puede contaminarse con orina de roedores, materia fecal y otros desechos orgánicos, convirtiéndose en un reservorio de bacterias y parásitos», señala.
Entre las enfermedades de mayor preocupación se encuentra la leptospirosis, una infección bacteriana que puede afectar gravemente el hígado y los riñones del perro y que, además, corresponde a una zoonosis, es decir, puede transmitirse a los seres humanos. También pueden presentarse infecciones gastrointestinales, dermatitis por humedad, lesiones en las almohadillas, otitis e incluso intoxicaciones si la mascota bebe agua contaminada con determinadas algas.
«No solo el agua representa un riesgo. El barro puede ocultar vidrios, objetos cortantes o contaminantes químicos que provoquen heridas o irritaciones en la piel», advierte la especialista.
La académica explica que el peligro aumenta cuando el perro bebe agua de charcos o presenta pequeñas heridas en la piel o en las patas, ya que estos microorganismos pueden ingresar con mayor facilidad al organismo.
Después de un paseo bajo estas condiciones, es importante mantenerse atento a posibles síntomas como fiebre, decaimiento, pérdida de apetito, vómitos, diarrea, dolor muscular o cambios en la cantidad de orina. «En enfermedades como la leptospirosis, los primeros signos pueden parecer un simple malestar, pero la evolución puede ser rápida si no existe un tratamiento oportuno», explica González.
Para reducir los riesgos, la recomendación es evitar que los perros beban agua de charcos o pozas, privilegiar recorridos por sectores con buen drenaje y, al regresar al hogar, lavar las patas y el abdomen con agua limpia, secar cuidadosamente las orejas y los espacios entre los dedos, además de revisar la piel en busca de heridas o cuerpos extraños.
La especialista agrega que mantener al día la vacunación, especialmente contra la leptospirosis en los perros con mayor riesgo de exposición, constituye una de las principales herramientas de prevención. Cachorros, perros adultos mayores, mascotas con enfermedades crónicas o aquellas que viven o pasean habitualmente en zonas rurales o con alta presencia de roedores son los grupos más vulnerables.
Finalmente, la académica enfatiza que las lluvias no deben ser un motivo para suspender los paseos, pero sí para adoptar medidas de cuidado adicionales. «Los perros pueden seguir disfrutando de las salidas, siempre que evitemos el contacto con agua estancada, mantengamos una buena higiene al volver a casa y consultemos tempranamente al médico veterinario ante cualquier signo de enfermedad. La prevención sigue siendo la mejor forma de proteger la salud de las mascotas y también la de toda la familia», concluye.