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Los casos de hepatitis A se dispararon en Chile y la enfermedad sigue siendo subestimada

En 2025, la región del Biobío registró un alza considerable de hepatitis A, impulsada por factores de higiene y acceso al agua potable. El episodio recordó que esta enfermedad, prevenible y tratable, sigue siendo un riesgo real cuando se bajan la guardia y la información.

Tan contundente fue la cifra, que se hacía difícil ignorarla: en los primeros meses de 2025, los casos de hepatitis A aumentaron un 907% respecto al mismo período del año anterior, en la región del Biobío. La causa principal que se identificó fue el consumo de mariscos crudos y la falta de higiene básica, factores perfectamente prevenibles. Hoy, con ocasión del Día Mundial contra la Hepatitis, ese episodio sigue siendo un mensaje actual: la enfermedad está ahí, no ha desaparecido y la prevención informada es la única herramienta que funciona de verdad.

Hablar de hepatitis no es hablar de una sola enfermedad. Son cinco virus distintos -A, B, C, D y E- que comparten el blanco (el hígado), pero se contagian de formas completamente diferentes y requieren respuestas diferentes.

“Desde la farmacia, una de las consultas más frecuentes en temporada de alto consumo de mariscos o después de viajes, por ejemplo, es justamente sobre síntomas digestivos que podrían estar relacionados con la hepatitis A. Muchas personas no asocian lo que comen con el daño que puede ocurrirle al hígado días después”, explica Soledad Velásquez, química farmacéutica de Farmacias Ahumada. La hepatitis A se transmite por agua o alimentos contaminados, es la que más frecuencia tiene en brotes colectivos y cuenta con una vacuna disponible en el Programa Nacional de Inmunización (PNI) desde el año 2018. En la mayoría de los casos se soluciona con reposo e hidratación, pero el diagnóstico a tiempo evita complicaciones.

Por otro lado, la hepatitis B se transmite por vía sanguínea, sexual o de madre a hijo durante el parto. También tiene una vacuna altamente efectiva, incluida en el PNI desde 2005. «Cuando alguien llega a la farmacia preguntando por métodos anticonceptivos o profilaxis post-exposición, es una oportunidad para preguntar si tiene su vacuna contra la hepatitis B al día. Es una conversación natural que puede marcar una diferencia real», señala Velásquez.

La hepatitis C se transmite principalmente por contacto con sangre contaminada, mediante transfusiones anteriores a 1996, uso compartido de jeringas o instrumentos no estériles en tatuajes y procedimientos estéticos. No se cuenta con vacuna, pero sí con tratamientos antivirales con tasas de curación superiores al 95%, aunque su mayor peligro es el silencio, ya que puede permanecer asintomática por décadas, y hasta un 30 % de los pacientes crónicos sin tratamiento puede desarrollar cirrosis o cáncer hepático. Estudios publicados en Gastroenterología Latinoamericana, revista científica oficial de la Sociedad Chilena de Gastroenterología (SCHGE), la Asociación Chilena de Hepatología y la Asociación Chilena de Endoscopia Digestiva, estimaron una prevalencia en Chile entre 0,1% y 0,19%, con un importante subdiagnóstico.

«La hepatitis C es la que más nos preocupa, porque muchos pacientes mayores de 45 años nunca se han hecho un examen para pesquisarla. Cuando retiran medicamentos para el hígado o para otras enfermedades crónicas, aprovechamos para informarles que existe esa recomendación del MINSAL y que el diagnóstico precoz cambia completamente el pronóstico», añade la profesional.

La protección diaria de la función hepática se consolida mediante hábitos saludables y un estilo de vida consciente. Consumir agua potable, asegurar el correcto lavado de alimentos y evitar la ingesta de alcohol son prácticas de alto impacto. De igual forma, el uso orientado de suplementos nutricionales y vitaminas generales ayuda a que el sistema inmunológico se mantenga fuerte, siempre bajo la supervisión de un profesional que evite la automedicación de sustancias potencialmente dañinas para el hígado.

La hepatitis E, menos conocida pero igualmente importante, también se transmite por vía fecal-oral, como la hepatitis A, principalmente a través de agua contaminada y en situaciones de saneamiento deficiente. Por lo general, se resuelve de forma espontánea, pero puede ser grave en las mujeres embarazadas, en quienes la mortalidad puede ser del 20 %. En Chile no se cuenta con vacuna disponible y su prevención depende exclusivamente de la higiene y el acceso a agua segura.

Cuando el daño viene desde adentro: la hepatitis por medicamentos

No toda hepatitis tiene origen viral. La hepatitis medicamentosa o tóxica ocurre cuando el hígado se inflama como consecuencia del uso excesivo, prolongado o inadecuado de ciertos fármacos y suplementos. El paracetamol en dosis altas es una de las causas más frecuentes a nivel mundial, pero también pueden provocarla algunos antibióticos, antiinflamatorios, hierbas medicinales y suplementos de venta libre consumidos sin orientación profesional.  «Este es uno de los temas donde la farmacia tiene un rol fundamental. Muchas personas combinan medicamentos o los toman en dosis mayores a las indicadas pensando que así se mejoran más rápido, sin saber que el hígado puede pagar el costo de esa decisión. Una consulta antes de automedicarse puede evitar un daño real y silencioso», advierte la farmacéutica.

Cuidar el hígado no requiere gestos extraordinarios, sino hábitos consistentes. El primer paso y el más efectivo para quienes aún no lo han hecho es vacunarse contra hepatitis A y B de acuerdo con el calendario nacional. Lavar las manos antes de tocar los alimentos y después de ir al baño, tomar agua potable y evitar los mariscos crudos son medidas sencillas para prevenir los contagios más comunes. Las barreras más concretas en hepatitis B y C son no compartir jeringas, objetos cortopunzantes ni artículos de higiene personal, y exigir condiciones sanitarias certificadas en tatuajes y procedimientos estéticos. Para los medicamentos la regla es siempre la misma: consultar antes de tomar.

«El hígado es un órgano silencioso; no duele hasta que el daño está muy avanzado. Por eso, desde la farmacia insistimos en que la mejor consulta es la que se hace antes de que aparezcan los síntomas. Preguntar, vacunarse, hacerse el examen a tiempo son parte de las decisiones que realmente protegen la salud», concluye Velásquez.

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