Nutricionista advierte que no todas las fechas impresas en los envases significan lo mismo. Mientras algunos productos pueden consumirse después de la fecha indicada sin riesgos, otros deben desecharse inmediatamente para evitar enfermedades alimentarias.
En un escenario donde el costo de la vida continúa siendo una preocupación para miles de familias chilenas y donde la reducción del desperdicio de alimentos se ha transformado en una prioridad, una duda aparece con frecuencia en los hogares: ¿es seguro consumir un alimento cuya fecha indicada en el envase ya expiró?
La respuesta no es tan simple como parece. De acuerdo con la Agencia Chilena para la Inocuidad y Calidad Alimentaria (ACHIPIA), existen diferencias fundamentales entre la fecha de vencimiento y la fecha de consumo preferente, una distinción que puede marcar la diferencia entre evitar el desperdicio o exponerse a una enfermedad transmitida por alimentos.
Según datos de Naciones Unidas, cada año se desperdicia más de un tercio de los alimentos producidos a nivel mundial. En Chile, diversos estudios han estimado que miles de toneladas de alimentos terminan en la basura, muchas veces debido a una interpretación incorrecta del etiquetado.
Para Oriana Monsalve, académica de Nutrición y Dietética de la Universidad Andrés Bello, sede Viña del Mar, comprender estas diferencias es clave tanto para proteger la salud como para tomar decisiones responsables en el hogar.
“Existe la creencia de que todas las fechas impresas en los envases tienen el mismo significado, pero eso es incorrecto. Hay alimentos cuya fecha marca el límite de seguridad sanitaria y otros en los que la fecha se relaciona principalmente con la calidad del producto”, explica.
El Reglamento Sanitario de los Alimentos establece claramente dos conceptos distintos.
La fecha de vencimiento o caducidad corresponde al último día en que el fabricante garantiza que el alimento es inocuo para el consumo. Una vez superada esa fecha, el producto no debe consumirse bajo ninguna circunstancia.
Entre los alimentos de mayor riesgo se encuentran las carnes frescas, pescados, lácteos refrigerados, cecinas, embutidos y comidas preparadas que requieren mantener la cadena de frío.
“Los alimentos ricos en proteínas y con alta cantidad de agua son un medio ideal para la proliferación de microorganismos. Aunque visualmente parezcan normales, pueden contener bacterias capaces de provocar cuadros gastrointestinales severos”, advierte Monsalve.
Por otra parte, la leyenda “Consumir preferentemente antes de…” indica el período durante el cual el fabricante garantiza las características óptimas de sabor, textura, aroma y color del producto.
Alimentos como arroz, fideos secos, legumbres, café o conservas suelen incorporar este tipo de fecha.
“Cuando se trata de alimentos secos o altamente procesados, la fecha de consumo preferente no significa automáticamente que el producto sea peligroso. Si el envase está íntegro y las condiciones de almacenamiento fueron adecuadas, muchas veces sigue siendo seguro consumirlo durante un período posterior”, señala la académica de la UNAB.
Los alimentos que requieren mayor precaución
Los especialistas coinciden en que algunos productos merecen especial atención debido a su facilidad para desarrollar contaminación microbiológica.
Entre ellos destacan:
- Carnes de vacuno, cerdo y ave.
- Pescados y mariscos frescos.
- Leche y derivados lácteos.
- Quesillos y yogures.
- Embutidos y cecinas.
- Platos preparados refrigerados.
“En estos productos, la temperatura juega un papel crítico. Basta una interrupción de la cadena de frío para acelerar el crecimiento bacteriano y comprometer la inocuidad del alimento incluso antes de la fecha indicada”, explica Monsalve.
Señales de alerta que no deben ignorarse
Más allá de revisar la fecha impresa en el envase, la nutricionista recomienda observar cuidadosamente el estado del producto antes de consumirlo.
1. Presencia de hongos o moho
Uno de los errores más frecuentes es retirar únicamente la parte visible afectada.
“Cuando aparecen hongos, las estructuras microscópicas ya se han extendido al interior del alimento. Por ello, no es seguro cortar la zona dañada y consumir el resto”, enfatiza Monsalve.
2. Cambios de olor o color
Carnes con tonalidades verdosas o grisáceas, así como productos con olores ácidos o rancios, deben desecharse de inmediato.
3. Latas hinchadas o deterioradas
Un envase abultado, oxidado o golpeado puede indicar la presencia de microorganismos capaces de producir toxinas peligrosas para la salud.
“Las conservas alteradas representan un riesgo sanitario importante. Una lata inflada siempre debe descartarse sin probar su contenido”, recalca la especialista.
4. Huevos con pérdida de consistencia
Si al romper un huevo la clara se encuentra completamente líquida y la yema se rompe con facilidad, es una señal de pérdida de frescura y no se recomienda su consumo.
La académica de la Universidad Andrés Bello recomienda adoptar las siguientes medidas:
- Diferenciar entre fecha de vencimiento y fecha de consumo preferente.
- Respetar siempre las indicaciones de almacenamiento.
- Mantener el refrigerador a temperaturas inferiores a 5 °C.
- Revisar periódicamente despensas y refrigeradores.
- Observar el olor, color, textura y estado del envase antes de consumir cualquier producto.
“Reducir el desperdicio de alimentos es una meta importante, pero nunca debe hacerse a costa de la seguridad alimentaria. La mejor herramienta sigue siendo la información y el manejo adecuado de los productos en casa”, concluye Oriana Monsalve.