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Día Internacional del Gato, el bienestar también puede ronronear. Por María José Millán Monares, Académica de Psicología Universidad Andrés Bello

Vivimos en una sociedad que nos exige estar siempre disponibles, conectados y produciendo. Muchas personas terminan el día agotadas, no solo físicamente, sino también emocionalmente, intentando responder a las expectativas de los demás mientras dejan de escuchar sus propias necesidades. En medio de todo esto, la presencia de un gato puede convertirse en un pequeño, pero significativo refugio para la salud mental.

A diferencia de muchas relaciones marcadas por la inmediatez y las exigencias, los gatos ofrecen una compañía tranquila. No necesitan que estemos constantemente entreteniéndolos ni esperan que ocultemos el cansancio o la tristeza. Su forma de vincularse nos recuerda que es posible compartir con otro desde la calma, el respeto por los tiempos y el silencio.

Sabemos que interactuar con un animal de compañía favorece la disminución del estrés, ayuda a regular la respuesta fisiológica de ansiedad y promueve la liberación de sustancias asociadas al bienestar y al vínculo afectivo. En el caso de los gatos, su ronroneo, el ritmo pausado de sus movimientos y el simple acto de acariciarlos pueden transformarse en una experiencia de regulación emocional, ayudándonos a bajar el ritmo cuando sentimos que todo va demasiado rápido.

Incluso quienes no tienen un gato pueden experimentar un efecto similar. Ver brevemente videos de gatos suele generar emociones positivas, disminuir la tensión y ofrecer una pausa mental que permite retomar las actividades con mayor tranquilidad. Hoy rara vez nos damos permiso para detenernos, esos pequeños momentos también forman parte del autocuidado.

Quizás uno de los mayores aprendizajes que nos entregan los gatos tiene que ver con los límites. Se acercan cuando desean contacto, descansan cuando lo necesitan y no sienten culpa por hacerlo. Nos enseñan que cuidar de uno mismo no es un acto de egoísmo, sino una condición necesaria para poder relacionarnos de manera saludable con los demás.

Por supuesto, un gato no reemplaza la psicoterapia ni el tratamiento de un problema de salud mental. Sin embargo, sí puede transformarse en un importante factor protector, ofreciendo compañía, rutina, calma y una sensación de conexión que muchas personas necesitan, especialmente en momentos de estrés, ansiedad o soledad.

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