Eucaristía tuvo lugar este sábado 08 de agosto en la Catedral de la Ciudad Puerto.
Con mucha alegría y esperanza, este sábado 08 de agosto la Iglesia que peregrina en la Diócesis de Valparaíso celebró la ordenación de ocho nuevos diáconos permanentes. La ceremonia fue encabezada por el obispo diocesano, Mons. Jorge Vega Velasco svd, y concelebrada por Mons. Mario Salas Becerra O. de M., obispo auxiliar, el diácono Fernando Mercado, delegado episcopal para el diaconado permanente, el diácono Blas Montenegro, director de la Casa de Formación diaconal “Felipe diácono”, presbíteros, diáconos permanentes y seminaristas. Participaron además las familias y comunidades de los ordenandos y el Pueblo de Dios.
En la ocasión, fueron ordenados diáconos permanentes Claudio Arancibia Maturana, de la Parroquia Nuestra Señora de Lourdes, Limache; Juan Campos Espinoza, de la Parroquia San José, La Calera; Gonzalo Carvajal Delgadillo, de la Parroquia San Nicolás de Bari, Villa Alemana; Francisco Cisternas Fernández, de la Parroquia Nuestra Señora de las Mercedes, Concón; Ismael Contreras Arellano, de la Parroquia Nuestra Señora del Rosario, Quilpué; Marcelo Polanco Iturrieta, de la Parroquia San Pablo, Placilla de Peñuelas; Guillermo Rojas Salinas, de la Parroquia San Martín de Tours, Quillota; y Alex Sanhueza Sciberras, de la Iglesia San Francisco de Asís, Quillota.
En su homilía, Mons. Vega recordó que el diaconado es, ante todo, una vocación al servicio y señaló que los nuevos diáconos son llamados a ser servidores de la Palabra, del Altar y de la Caridad, siguiendo el ejemplo de Cristo, «que no vino a ser servido, sino a servir».
Dirigiéndose a los nuevos diáconos, el obispo los exhortó a dejar que la Palabra de Dios transforme primero sus propias vidas, para anunciar el Evangelio con autenticidad y esperanza. Asimismo, les recordó que el ministerio diaconal exige una profunda cercanía con las personas, especialmente con quienes viven situaciones de sufrimiento y vulnerabilidad.
Su reflexión también puso el acento en el compromiso con los más vulnerables, recordando que “el altar y la calle están íntimamente unidos”. El ministerio diaconal, afirmó, debe expresarse en una caridad concreta, cercana y comprometida con quienes sufren, especialmente los pobres, los migrantes, los adultos mayores, las familias afectadas por emergencias y quienes han perdido la esperanza.
Finalmente, el obispo diocesano encomendó el ministerio de los nuevos diáconos a la Santísima Virgen María, pidiendo que los acompañe para vivir con humildad, fidelidad y alegría su vocación de servicio al Pueblo de Dios.







