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Desafío STEM: la ciencia que Chile necesita también se construye con mujeres. Por Dra. Evelyn Silva Moreno, gerente del Centro de Investigación e Innovación en Cáncer FALP

El último Informe de Brechas de Género del Ministerio de Educación (2024) evidencia que Chile continúa desaprovechando una parte importante de su talento científico. La persistente subrepresentación de mujeres en las disciplinas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) no solo constituye un desafío en materia de equidad, sino también una limitación para el desarrollo científico, la innovación y la competitividad del país.

La evidencia muestra consistentemente que los equipos diversos generan preguntas de investigación más amplias, desarrollan soluciones más innovadoras y producen resultados con mayor impacto social. En áreas como la investigación en cáncer -donde convergen la biología, la ingeniería, la inteligencia artificial, las ciencias sociales y la atención clínica- la diversidad de perspectivas deja de ser un valor deseable para convertirse en una necesidad estratégica.

Si bien aumentar la participación femenina en STEM requiere incentivar vocaciones tempranas en niñas y adolescentes, es igualmente necesario construir trayectorias científicas sostenibles mediante políticas que favorezcan la conciliación entre la vida personal y profesional, sistemas de mentoría, procesos de evaluación libres de sesgos, acceso equitativo a financiamiento y liderazgo, así como entornos laborales inclusivos que permitan el desarrollo y permanencia del talento femenino.

En Chile ya existen experiencias que demuestran que avanzar es posible cuando existe una decisión institucional deliberada. En el Centro de Investigación e Innovación en Cáncer (CIIC) de Fundación Arturo López Pérez (FALP), por ejemplo, aproximadamente el 80% del equipo está conformado por mujeres, muchas de ellas liderando unidades estratégicas, proyectos de investigación y procesos de innovación.

Asimismo, las convocatorias internas para proyectos de investigación desarrollados en nuestra institución promueven de forma activa la equidad, la colaboración interdisciplinaria y la participación de investigadoras en roles de liderazgo. Sin embargo, estos esfuerzos, aunque valiosos, siguen siendo insuficientes frente a la magnitud del desafío.

La equidad de género en ciencia no puede depender exclusivamente del compromiso de algunas instituciones; requiere una política país que fortalezca la formación de niñas y jóvenes en STEM, elimine barreras estructurales durante la carrera científica y genere condiciones para que más mujeres permanezcan, progresen y lideren en investigación.

Si aspiramos a consolidar un ecosistema científico competitivo a nivel internacional, el desafío no consiste solo en aumentar el ingreso de mujeres a las carreras STEM, sino también en asegurar que puedan desarrollar trayectorias científicas sostenibles, acceder a posiciones de liderazgo y contribuir plenamente a la generación de conocimiento.

Invertir en las mujeres que hacen ciencia no solo es una cuestión de justicia. Es una decisión estratégica para fortalecer la calidad de la investigación, acelerar la innovación y mejorar la salud y el bienestar de toda la sociedad.

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