La electrificación de las operaciones, la automatización e incorporación de nuevos equipos están cambiando los criterios con que las empresas evalúan un centro de bodegaje. Frente a este escenario, especialistas recomiendan hacer una revisión técnica de la infraestructura eléctrica antes de tomar una decisión de arriendo.
Cuando una empresa evalúa un espacio para bodegaje suele poner el foco en factores como la altura útil, la ubicación, el tamaño del patio de maniobras y, por supuesto, el valor UF/m2. Sin embargo, la evolución de los centros logísticos, donde una bodega ya no solo sirve para almacenar productos o insumos, sino que también puede albergar procesos productivos, ha convertido a la capacidad eléctrica en un ítem cada vez más relevante.
Este cambio ha llevado a que los requerimientos eléctricos se definan desde las primeras etapas de negociación de un contrato. Aspectos como la disponibilidad de alimentación trifásica, la potencia requerida para la operación o la posibilidad de ampliar la capacidad instalada ya forman parte de las conversaciones previas a la decisión de arriendo.
“Una bodega puede tener 10 kVA disponibles y otra 100 kVA o más, aunque físicamente parezcan similares. Muchos usuarios solo descubren la diferencia cuando deben instalar maquinaria o cargadores, pero eso de a poco está cambiado”, dice Maximiliano Montenegro, Gerente de Operaciones de Procentro, quien añade: “Estamos viendo solicitudes de habilitación trifásica, cláusulas sobre capacidad eléctrica futura y clientes a los que se les pide definir desde el inicio la potencia que necesitarán. Incluso hay contratos en los que se establece quién asumirá eventuales aumentos de carga o refuerzos eléctricos”, puntualiza Montenegro.
Detrás de este cambio hay una transformación profunda en la manera en que trabajan muchas empresas. Hoy es cada vez más frecuente que una bodega incorpore montecargas y apiladores eléctricos con cargadores trifásicos, maquinaria para talleres ligeros, equipos de climatización con mayor potencia e incluso infraestructura para electromovilidad. A todo esto se suma una creciente automatización de los centros logísticos, que también exige redes eléctricas robustas.
“Antes era común encontrar grúas horquilla a gas o diésel. Ahora muchas empresas están migrando hacia equipos eléctricos, lo que implica cargadores, consumo nocturno y necesidad de potencia disponible. La automatización de los centros logísticos y el uso de equipos motorizados eléctricos también aumentan la demanda energética y hacen necesario contar con redes más robustas”, explica Montenegro.
Diferentes necesidades
En los centros de bodegaje, en general, es posible encontrar capacidades eléctricas que van desde los 500 kVA hasta los 750 kVA, e incluso configuraciones que combinan más de una fuente de suministro para responder a operaciones con mayores requerimientos energéticos.
Pero no todas las actividades requieren la misma capacidad eléctrica. Según Montenegro, los mayores requerimientos se observan en operadores logísticos, empresas e-commerce, empresas con flotas eléctricas o de electromovilidad, manufactura ligera, talleres productivos, empresas con climatización intensiva y operaciones con cadena de frío. En contraste, el almacenamiento tradicional, la distribución simple, los archivos documentales y el bodegaje de inventario sin procesamiento suelen necesitar una menor potencia eléctrica.
Frente a esto, resulta clave revisar la infraestructura eléctrica del centro de bodegaje antes de cerrar un contrato de arriendo. Una forma de hacerlo es mediante una due diligence que permita verificar si la capacidad disponible responde a las necesidades actuales de la operación y también a sus proyecciones de crecimiento. “En esa revisión hay que verificar la potencia disponible, si el suministro es monofásico o trifásico, la posibilidad de ampliar la capacidad instalada, el estado del tablero eléctrico, la existencia de respaldo, las certificaciones y los costos asociados a eventuales mejoras, entre otros puntos”, señala Maximiliano Montenegro.
Mirando hacia los próximos años, Montenegro cree que la capacidad eléctrica será cada vez más un criterio estratégico. “La electrificación de la logística, el avance de la automatización y la incorporación de sistemas de climatización con mayores requerimientos energéticos harán que la potencia disponible deje de ser una especificación técnica para convertirse en un recurso productivo. Las empresas necesitarán centros logísticos preparados para responder a esas nuevas exigencias”, afirma.