En un escenario global marcado por guerras prolongadas, desplazamientos forzados, crisis climáticas y una creciente sensación de incertidumbre, el arte vuelve a demostrar su capacidad para interpelar aquello que muchas veces las noticias normalizan. Mientras las imágenes de conflictos armados circulan a diario y la violencia parece instalarse como parte del paisaje cotidiano, la artista textil e investigadora Daniela Lara Espinoza, propone detener la mirada y preguntarnos qué significa realmente sobrevivir.
Su proyecto Patente latente y pasos para sobrevivir transforma el textil en un lenguaje político contemporáneo y algo sensible. A través de bordados a mano, mostacillas, hilos metálicos, telas estampadas y técnicas tradicionales, la artista reinterpreta objetos de protección personal como máscaras antigás, guantes y vestimentas utilizadas en contextos bélicos. El resultado es un potente contraste entre la delicadeza del bordado y la crudeza de los artefactos que buscan proteger cuerpos amenazados por la guerra.
La investigación que sustenta la obra recorre archivos de la Primera y Segunda Guerra Mundial, tratados sobre armas de destrucción masiva y reportajes contemporáneos. Entre ellos, uno sobre la vulnerabilidad en instalaciones que albergan armamento nuclear llevó a la artista a cuestionar cómo la negligencia y la aparente distancia de los conflictos terminan afectando a toda la humanidad.
Hoy, cuando las guerras ya no son episodios aislados, sino conflictos interconectados con impactos económicos, tecnológicos, ambientales y humanitarios, la propuesta adquiere una resonancia urgente. La militarización, la industria armamentista y la circulación instantánea de imágenes han modificado nuestra relación con la violencia, al punto de volverla familiar. Lo excepcional corre el riesgo de convertirse en rutina.
En ese contexto, una de las frases que atraviesa el proyecto resuena con especial fuerza: lavarse las manos también es un acto de violencia: limpiar el gesto para no tocar la culpa, mientras la responsabilidad se disuelve. La reflexión invita a pensar en las múltiples formas de indiferencia que atraviesan nuestra época, donde el cuidado parece aplicarse de manera selectiva y la empatía encuentra límites en las fronteras geográficas o políticas.
La propuesta contempla cuatro estandartes textiles, cinco bordados con mostacillas y dos obras de gran formato actualmente en desarrollo, integrando técnicas como estampado, apliqué, acolchado, bordado en oro e incorporación de metales y cristales. Más allá de su dimensión estética, el proyecto busca abrir espacios de conversación con la comunidad mediante actividades participativas que amplían el diálogo fuera del espacio expositivo.
Financiado por el Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes, ámbito nacional de financiamiento, convocatoria 2025, Patente latente y pasos para sobrevivir recuerda que el arte no ofrece respuestas definitivas, pero sí la posibilidad de imaginar otras formas de enfrentar la fragilidad del presente. En tiempos donde sobrevivir parece convertirse en una condición compartida, cada hilo bordado se transforma también en un acto de memoria, resistencia y cuidado colectivo.
La invitación está abierta a toda la comunidad para visitar la muestra durante el mes de agosto, desde el 6 al 29 en el Centro Cultural Daniel de la Vega (Vicuña Mackenna 684 Quilpué), y descubrir cómo el bordado, tradicionalmente asociado al cuidado y la intimidad, puede convertirse en una poderosa herramienta de denuncia, memoria y reflexión sobre los desafíos que enfrenta la humanidad en el siglo XXI.