La catástrofe en Tocopilla evidencia el valor de contar con cadenas de abastecimiento preparadas para enfrentar escenarios complejos, y vuelve a demostrar que los almacenes de barrio no pueden entenderse como el movimiento de productos sino más bien como quienes cumplen un rol esencial para que los productos de primera necesidad lleguen día a día a sus vecinos, sobre todo en situaciones complejas.
Los comercios de cercanía conocen la realidad de sus clientes y necesidades, los cuales representan para muchas familias el punto más próximo para conseguir alimentos y productos básicos, además de ser un espacio de confianza y colaboración, es por eso que hoy es nuestro deber mantenerlos abastecidos y apoyar su funcionamiento, priorizando los territorios más afectados.
Esta emergencia nos deja una reflexión que debe trascender, la logística es una herramienta de apoyo social y de resiliencia territorial. Detrás de cada despacho hay un comerciante, una familia y una comunidad que depende de que los productos lleguen oportunamente. Por eso, fortalecer la coordinación entre distribuidores, proveedores y almacenes de barrio resulta clave para enfrentar futuras emergencias con mayor capacidad de respuesta. Hoy, acompañar a Tocopilla significa comprender el valor estratégico de sus pequeños comercios y trabajar para que sigan siendo ese primer punto de abastecimiento y apoyo para sus vecinos.