Alimentación, actividad física, salud bucal y autocuidado se abordan de manera integrada en _Educa sano: escuelas que cuidan_, Proyecto Colaborativo de Vinculación con el Medio de la Universidad San Sebastián que trabaja junto a comunidades educativas de Providencia, San Ramón y Peñalolén. La iniciativa articula distintas disciplinas para promover hábitos protectores desde la infancia y fortalecer la formación de futuros profesionales.
¿Qué comen los niños antes de entrar a clases? ¿Cuánto se mueven durante el día? ¿Qué saben sobre los sellos de advertencia de los alimentos o sobre el cuidado de su salud bucal? Son preguntas que forman parte de una preocupación cotidiana en las comunidades escolares y que adquieren especial relevancia cuando los hábitos poco saludables comienzan a instalarse desde edades tempranas.
En la Escuela San José Obrero de Peñalolén, por ejemplo, algunos estudiantes llegan con bebidas energéticas, papas fritas y otros productos altos en calorías y sellos de advertencia, que en ciertos casos corresponden incluso a su primera ingesta del día.
Esa realidad es parte de _Educa Sano: escuelas que cuidan_, Proyecto Colaborativo de Vinculación con el Medio (VcM) de la Universidad San Sebastián, sede Santiago, liderado por la carrera de Nutrición y Dietética y que se desarrolla junto a la Escuela San José Obrero, Colegio Mercedes Marín de Providencia, Colegio Alberto Blest Gana de San Ramón, Liceo 1 de Santiago y Liceo Reino de Dinamarca, ubicado en la comuna de Maipú.
Cinthia Quezada, académica VcM de la Facultad de Ciencias de la Rehabilitación y Calidad de Vida, líder de la propuesta, explica que el trabajo en los establecimientos mostró que los desafíos no podían abordarse de manera aislada. «Comprendimos que intervenir solo la alimentación dejaba fuera dimensiones que se refuerzan mutuamente», señala, aludiendo a factores como el sedentarismo, la salud bucal, el autocuidado y las dificultades del lenguaje.
Una respuesta desde distintas disciplinas
El proyecto -que tributa al Programa Territorial Hito _Más Comunidades Saludables e Inclusivas_, de VcM- reúne a estudiantes y académicos de Nutrición y Dietética, Enfermería, Medicina, Odontología, Licenciatura en Ciencias de la Actividad Física y Pedagogía en Educación Diferencial Advance, además del Magíster en Nutrición en Salud Pública.
A través de talleres de alimentación saludable, pausas activas y juegos, actividades de salud bucal, autocuidado, primeros auxilios y RCP, las distintas disciplinas aportan desde sus conocimientos a una intervención común, «desde su saber específico, pero articulada en un modelo común que evita acciones aisladas», explica Quezada.
Para Martín Rencoret, estudiante de Nutrición y Dietética, participar en la iniciativa significó llevar esos conocimientos a un contexto real. Su trabajo comenzó con un diagnóstico de lo que los escolares sabían sobre alimentación y, a partir de esa información, el equipo diseñó talleres y actividades participativas.
La experiencia también modificó su forma de entender el trabajo profesional. «No basta con solo hacer una presentación y entregar un folleto, hay que invitar a la persona a entender el mensaje y buscar formas para que esa información sea tomada y aplicada», sostiene.
Cambios que llegan a la vida cotidiana
En la Escuela San José Obrero, el trabajo junto a la USS se ha desarrollado durante varios años. Pablo Parra, encargado de Convivencia Escolar, señala que una de las principales necesidades identificadas ha sido «una baja presencia de una cultura deportiva y de hábitos de vida saludable», situación que se relaciona también con las dificultades que enfrentan algunas familias para promover una alimentación equilibrada.
Con el tiempo, sin embargo, han observado avances. Los estudiantes muestran mayor capacidad para leer las etiquetas nutricionales, reconocer los sellos de advertencia y explicar por qué determinados hábitos son importantes para su bienestar.
Parra agrega que estos aprendizajes también se reflejan en la convivencia cotidiana. «Cuando los estudiantes incorporan una alimentación más equilibrada y hábitos de actividad física, muestran mayor disposición para participar en las actividades, mejor energía y concentración, y una actitud más favorable hacia el aprendizaje y la interacción con sus pares», señala.
Aprender con las comunidades
El trabajo con los establecimientos no solo busca entregar contenidos, sino construir las intervenciones a partir de las necesidades de cada comunidad educativa. Esa relación permite que los estudiantes USS enfrenten situaciones reales y aprendan a adaptar sus conocimientos a distintas personas y contextos.
Para los colegios, en tanto, la colaboración suma nuevas herramientas al trabajo que realizan diariamente. Parra destaca que el vínculo con estudiantes y académicos de distintas carreras permite abordar el bienestar de los niños y niñas desde una mirada más integral y generar aprendizajes que pueden extenderse también a las familias.
Martín Rencoret, añade que esa experiencia deja una enseñanza que proyecta hacia su futuro profesional. «Cada persona es un mundo diferente y es nuestro deber como futuros profesionales buscar esas diferentes formas para que la persona reciba y acepte el mensaje».