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Dismovilidad: cuando moverse comienza a costar. Por Margarita Frias, Académica Carrera de Kinesiología, Universidad de Las Américas, Sede Concepción

Cada temporada es una oportunidad para renovar los espacios donde vivimos. Pensando en ello, las tiendas Ohzar presentan su nueva colección 2026, una propuesta que combina diseño, funcionalidad y las últimas tendencias en decoración para ayudar a transformar cualquier ambiente del hogar en un lugar más cálido, armónico y acogedor.

Dejar de caminar hasta la esquina, evitar las escaleras o preferir no salir porque “queda demasiado lejos”. A veces, estos pequeños cambios pasan inadvertidos o se atribuyen simplemente a la edad. Sin embargo, pueden ser señales de dismovilidad.

Esta corresponde a una disminución de la capacidad para desplazarse y desenvolverse en el entorno. En las personas mayores adquiere especial importancia ya que moverse no significa solamente caminar: también permite ir de compras, visitar a alguien, participar en la comunidad y continuar realizando actividades significativas.

El dolor es uno de los puntos de partida de este proceso. Cuando moverse duele, es natural que se tienda a evitar el movimiento. Sin embargo, al disminuir la actividad física, también puede reducirse la fuerza muscular y la capacidad aeróbica, haciendo que actividades que antes eran habituales generen mayor cansancio. Así se instala un círculo difícil de reconocer: duele, se tiende a evitar el movimiento; al hacerlo, disminuye la condición física; y, con ello, cada vez resulta más difícil realizar actividades que antes eran cotidianas.

Desde la Kinesiología, la respuesta no consiste en exigir movimiento a cualquier costo, sino en identificar los factores que lo están limitando y desarrollar estrategias que permitan recuperarlo de manera segura y progresiva. Caminar de acuerdo con las propias capacidades, mantener las actividades diarias e incorporar gradualmente ejercicios de fuerza y resistencia, son factores que contribuyen a preservar la movilidad y favorecer una mejor funcionalidad.

Para las familias y cuidadores existe también un desafío: ayudar sin reemplazar. Hacer por una persona mayor aquello que todavía puede realizar por sí misma, se asimila a una forma de cuidado, pero la sobre asistencia también limita las oportunidades para mantenerse activo. Dar tiempo, adaptar el entorno y ofrecer apoyo cuando realmente se necesita, permite cuidar respetando capacidades y decisiones.

Moverse no es solo trasladarse. Es seguir eligiendo dónde ir, qué hacer y cómo participar. Preservar la movilidad es también mantener la autonomía, dignidad y el derecho a seguir siendo protagonista de la propia vida.

 

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