Dejar de caminar hasta la esquina, evitar las escaleras o preferir no salir porque “queda demasiado lejos”. A veces, estos pequeños cambios pasan inadvertidos o se atribuyen simplemente a la edad. Sin embargo, pueden ser señales de dismovilidad.
Esta corresponde a una disminución de la capacidad para desplazarse y desenvolverse en el entorno. En las personas mayores adquiere especial importancia ya que moverse no significa solamente caminar: también permite ir de compras, visitar a alguien, participar en la comunidad y continuar realizando actividades significativas.
El dolor es uno de los puntos de partida de este proceso. Cuando moverse duele, es natural que se tienda a evitar el movimiento. Sin embargo, al disminuir la actividad física, también puede reducirse la fuerza muscular y la capacidad aeróbica, haciendo que actividades que antes eran habituales generen mayor cansancio. Así se instala un círculo difícil de reconocer: duele, se tiende a evitar el movimiento; al hacerlo, disminuye la condición física; y, con ello, cada vez resulta más difícil realizar actividades que antes eran cotidianas.
Desde la Kinesiología, la respuesta no consiste en exigir movimiento a cualquier costo, sino en identificar los factores que lo están limitando y desarrollar estrategias que permitan recuperarlo de manera segura y progresiva. Caminar de acuerdo con las propias capacidades, mantener las actividades diarias e incorporar gradualmente ejercicios de fuerza y resistencia, son factores que contribuyen a preservar la movilidad y favorecer una mejor funcionalidad.
Para las familias y cuidadores existe también un desafío: ayudar sin reemplazar. Hacer por una persona mayor aquello que todavía puede realizar por sí misma, se asimila a una forma de cuidado, pero la sobre asistencia también limita las oportunidades para mantenerse activo. Dar tiempo, adaptar el entorno y ofrecer apoyo cuando realmente se necesita, permite cuidar respetando capacidades y decisiones.
Moverse no es solo trasladarse. Es seguir eligiendo dónde ir, qué hacer y cómo participar. Preservar la movilidad es también mantener la autonomía, dignidad y el derecho a seguir siendo protagonista de la propia vida.