48% de los chilenos ya usa IA en su trabajo, casi el doble que hace un año. El 88% de las empresas chilenas ya interactúa con esta tecnología. Y sin embargo, solo el 25% de las compañías en el mundo dice haber generado valor significativo con ella.
Estas tres cifras resumen el momento exacto que estamos viviendo como líderes: la adopción avanza mucho más rápido que nuestra capacidad de liderarla bien. Y esa brecha, lejos de asustarme, es lo que más me entusiasma hoy como CEO.
Hace unos meses me di cuenta de algo que cambió mi forma de liderar: mi equipo ya estaba usando IA antes de que yo terminara de definir una política al respecto. Y en vez de verlo como un problema, decidí verlo como una señal: tengo un equipo curioso, proactivo, que no espera permiso para mejorar su trabajo.
Según Cadem, ese 48% que mencioné al inicio dice además que la IA le ayuda a trabajar más rápido (69%) y con mejor calidad (69%). Esto no es una moda: es una ola real de productividad que ya está dentro de nuestras empresas.
El verdadero desafío no es “instalar” la IA. Es liderarla bien. Ese 88% de compañías chilenas que ya interactúa con IA (frente a apenas un 16% el año anterior, según Tech Trends) todavía tiene mucho camino por recorrer: solo el 13% la tiene como eje estratégico y un 5% la integró en toda la organización. Ahí está la oportunidad. Subir esa curva con inteligencia es, hoy, la ventaja competitiva de los próximos años.
Lo que más me ha ayudado como líder es soltar la idea de que debo ser la que más sabe de tecnología en la sala. El mismo estudio muestra que en el 41% de los casos la decisión de avanzar en IA la impulsa la gerencia general o el directorio, y solo el 26% los equipos técnicos. Interpreto esa cifra como una invitación: los líderes que se apoyan en su gente, que preguntan en vez de imponer, son los que están construyendo culturas de innovación real.
Y ese 25% que mencioné al inicio, las empresas que ya generan valor real con IA, según BCG, no tiene más tecnología que el resto. Tiene más foco: eligió pocas iniciativas bien pensadas en lugar de intentar transformarlo todo a la vez, y más liderazgo humano detrás de cada decisión.
Porque al final, la IA no reemplaza líderes. Los revela. Revela a los que escuchan a su equipo, a los que comunican con honestidad hacia dónde vamos, y a los que transforman la incertidumbre en una conversación abierta en lugar de una orden desde arriba.
Yo todavía estoy aprendiendo a liderar en este nuevo escenario, con más preguntas que certezas. Pero cada conversación con mi equipo sobre cómo usar mejor estas herramientas me confirma algo: esta es una de las mejores épocas para liderar con humildad y ambición al mismo tiempo.