Los nuevos resultados de PISA, donde seis de cada diez estudiantes chilenos no alcanzan el nivel básico en Matemática, preocupan, pero no sorprenden.
A ello se suma un dato menos visible: casi la mitad de los estudiantes chilenos reporta distracciones frecuentes por dispositivos digitales. Mientras incorporamos pantallas, plataformas e inteligencia artificial, cabe preguntarnos si estamos relegando aquello que ninguna tecnología reemplaza: la experiencia de aprender con otros.
Aprender matemáticas no es solo recibir información o ejecutar procedimientos: implica preguntar, equivocarse, cooperar, frustrarse y volver a intentarlo. Es una experiencia cognitiva, afectiva e interpersonal.
Tal vez el desafío sea volver a conectar con nuestros estudiantes.