Pareciera que ya no existe lugar en Viña del Mar, desde el borde costero hasta el centro, donde no se hayan multiplicado los estacionamientos, ocupando incluso ambos lados de numerosas calles.
Los problemas urbanos son complejos y multifactoriales. Sin embargo, normalizar la presencia del automóvil en el espacio público tiene consecuencias: congestión, pérdida de capacidad vial, menos espacio para peatones y ocupación informal de calles por cuidadores de vehículos, con los conflictos que ello genera.
Incluso lugares destinados al encuentro y al esparcimiento, como las playas y sus entornos, pierden calidad urbana cuando una parte importante de su superficie termina destinada a estacionamientos.
Abordar un problema tan arraigado exige repensar cómo queremos habitar la ciudad. No se trata de eliminar el automóvil, sino de dejar de organizar el espacio público principalmente en torno a él. Viña del Mar necesita recuperar calles y espacios para sus habitantes, mejorar las alternativas de movilidad y evitar quedar, literalmente, estacionada en un modelo urbano que limita su desarrollo.