En octubre, más de 150 cargos de notarios, conservadores y archiveros judiciales podrían quedar vacantes producto de la entrada en vigencia de la ley que establece un límite de 75 años para ocuparlos. Además, como los primeros concursos en Santiago y Temuco fueron declarados desiertos, el sistema deberá recurrir a suplencias e interinatos mientras se desarrollan nuevos procesos.
Sin embargo, tenemos que mirar este escenario con optimismo, pues, la reforma no busca sino modernizar el sistema, terminar con los cargos vitalicios y establecer procesos de selección que incorporen estándares objetivos y públicos. Un concurso desierto no es un fracaso, es un dato. Lo importante es aprender de la experiencia y ajustar lo que sea necesario, sin sacrificar la exigencia que requieren funciones tan relevantes para las personas.
El nuevo sistema requiere profesionales preparados no solo en derecho, sino también en las particularidades del ámbito notarial y registral. Fortalecer esos conocimientos y generar mejores espacios de preparación debería ser parte de esta transición.
Mientras tanto, suplentes e interinos tendrán que asumir en distintos oficios y, en algunos casos, dispondrán de poco tiempo para hacerse cargo de una operación que no puede detenerse. Las personas necesitan seguir realizando sus trámites, obteniendo documentos y accediendo a servicios con la misma seguridad de siempre. Aquí la tecnología puede ser un puente.
La Ley 21.772 no solo modifica la forma en que se seleccionan y nombran estos cargos. También establece un proceso de modernización tecnológica que contempla medios electrónicos para transmitir, recibir y comunicar documentación, respaldos digitales, repositorios y la posibilidad de entregar copias electrónicas de instrumentos.
Por eso, el recambio de titulares y la transformación digital no deberían avanzar por caminos separados. Ambos procesos ocurren en una misma etapa y tienen un objetivo común: que el sistema funcione mejor para las personas. Una notaría digitalizada permite ordenar información, facilitar la continuidad de los procesos y entregar herramientas a quienes asumen nuevas responsabilidades.
La tecnología verifica identidades, facilita procesos y aporta trazabilidad, mientras el notario da fe. Nos necesitamos el uno al otro. En FirmaVirtual lo hemos comprobado trabajando junto a notarías y profesionales del ámbito jurídico. La digitalización puede hacer más eficiente el sistema, pero su valor está en ponerse al servicio de quienes tienen la responsabilidad de entregar certeza jurídica.
En este sentido, la transición debe ser colaborativa. Ministerio de Justicia, Servicio Civil, Poder Judicial, Asociación de Notarios, Conservadores y Archiveros, universidades y empresas de tecnología jurídica tenemos que trabajar juntos y aportar desde nuestras respectivas experiencias. En octubre podrá cambiar el titular de una notaría, pero lo que no puede cambiar es la confianza de las personas en la fe pública.