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Continuidad de negocio: el centro debe estar en las personas. Por Jacqueline Pino, Gerente de ciberseguridad y resiliencia de Cybertrust 

Se modernizaronsus 1.150 m², incorporando una nueva distribución de las áreas de entrenamiento, salas completamente renovadas, espacios de cowork y una infraestructura que eleva el estándar deportivo de la Región de Valparaíso.

Mesas y sillas plegables, bolsos para picnic, cocinillas y carpas forman parte de la propuesta de la marca, que también cuenta con un showroom en Quilpué para conocer sus productos de cerca.

La división de la estatal licitó un contrato a ocho años que reemplazó la totalidad de sus vehículos diésel por unidades cero emisiones, adelantándose a las metas corporativas de la cuprífera al 2030.

Los últimos acontecimientos que hemos visto, desde el terremoto ocurrido en Venezuela y Colombia, hasta los temporales que han afectado a Chile, vuelven a poner sobre la mesa algo que muchas veces sabemos, pero que no siempre llevamos a la práctica: tenemos que estar preparados. Y no me refiero solo a las organizaciones, sino que también a las personas que son parte de ellas.

Frente a una emergencia, los primeros minutos son fundamentales. Antes de pensar en recuperar una operación, continuar prestando un servicio o activar un plan de continuidad, tenemos que preocuparnos de lo más importante: la vida y la seguridad de las personas. Por eso creo que deberíamos partir por una pregunta mucho más cercana: ¿Estamos preparados en nuestras propias casas? ¿Sabemos qué hacer si ocurre un terremoto, una inundación, un incendio o cualquier otra situación que nos obligue a reaccionar rápidamente? A veces hablamos de estas cosas como algo lejano, hasta que ocurre una emergencia real y entendemos por qué pueden hacer una diferencia.

Tras una emergencia, las organizaciones necesitan conocer la situación de sus colaboradores, evaluar qué ocurrió, entender qué instalaciones o recursos están disponibles y definir cómo comenzar la recuperación. Y es precisamente en ese momento cuando los planes dejan de ser documentos y comienzan a demostrar si realmente funcionan.

No basta con tener planes y procedimientos. Podemos contar con un excelente plan de emergencia, un plan de continuidad, procedimientos de recuperación o un plan de gestión de crisis. Podemos tenerlos actualizados, ordenados y disponibles para una auditoría. Pero si las personas que deben utilizarlos no los conocen, difícilmente van a funcionar cuando realmente los necesitemos. Los planes tienen que conversarse, enseñarse, sensibilizarse y, sobre todo, probarse.

Las personas deben conocer cuál es su rol, qué deben hacer, a quién deben contactar, qué decisiones pueden tomar y qué se espera de ellas frente a una situación real. Porque durante una emergencia no debería ser el momento de comenzar a leer un procedimiento. Para eso existe el trabajo previo.

Ese trabajo también implica que las organizaciones conozcan realmente sus procesos y puedan responder preguntas que parecen simples, pero que en una crisis son fundamentales: ¿cuáles son nuestros procesos prioritarios?; ¿qué procesos deben continuar operando y cuáles pueden esperar?; ¿cuál es el nivel mínimo de servicio que necesitamos mantener?; ¿cuántas personas necesitamos como mínimo?; ¿qué recursos son indispensables?; ¿qué sistemas, proveedores, instalaciones o servicios necesitamos para poder continuar?. Responder estas preguntas antes de una crisis permite tomar mejores decisiones cuando el tiempo comienza a jugar en contra.

También necesitamos conocer nuestros riesgos. No solamente tener una lista de ellos, sino entender cómo podrían materializarse y qué impacto podrían provocar sobre las personas, las instalaciones, la tecnología, los proveedores, los servicios y finalmente sobre nuestra capacidad de continuar operando.

Desde mi experiencia trabajando en continuidad del negocio y acompañando a distintas organizaciones, cada vez estoy más convencida de que la continuidad y la resiliencia no deberían quedarse solamente dentro de una empresa. Son conceptos que también deberían llegar a nuestras casas, familias y comunidades, es decir, a las personas.

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