La propuesta de la Cámara Chilena de la Construcción busca facilitar el ahorro para el pie de una primera vivienda, en un escenario marcado por mayores exigencias de financiamiento, menor capacidad de ahorro y un mercado inmobiliario que todavía enfrenta dificultades. Para el CEO de M&V Gestión Inteligente, José Jesús Velásquez, la iniciativa apunta a una barrera relevante, pero el desafío habitacional requiere revisar también la forma en que las familias acceden al crédito.
La dificultad para acceder a una vivienda propia se ha convertido en uno de los principales desafíos del mercado inmobiliario chileno. En este contexto, la Cámara Chilena de la Construcción propuso la creación de una Cuenta de Ahorro Habitacional, mecanismo que permitiría a las personas ahorrar durante un período determinado para financiar el pie de una primera vivienda, incorporando incentivos para quienes mantengan el ahorro destinado exclusivamente a fines habitacionales.
La iniciativa surge en medio de un escenario complejo. La tasa de propiedad de vivienda en Chile cayó desde 63% en 2017 a 52% en 2024, mientras el ahorro de los hogares también se ha reducido. A esto se suman mayores dificultades para acceder a financiamiento hipotecario y un aumento en el costo de las viviendas respecto de los ingresos.
Para José Jesús Velásquez, CEO de M&V Gestión Inteligente, la propuesta aborda un punto que actualmente representa una de las principales dificultades para las familias.
“Hoy el pie es probablemente uno de los elementos más golpeados y que todavía no hemos logrado resolver completamente. Por eso me parece positiva una propuesta que permita a las personas generar un mecanismo de ahorro destinado específicamente a la vivienda”, señala.
El ejecutivo destaca especialmente que la iniciativa considere tanto viviendas nuevas como usadas de hasta 4.000 UF. A su juicio, ampliar el acceso a este último segmento puede ser relevante para familias que buscan alternativas en barrios consolidados y para reactivar un mercado que también cumple un rol importante en la economía.
Sin embargo, Velásquez advierte que reunir el pie no garantiza que una familia pueda concretar la compra. El proceso involucra otras variables, entre ellas la capacidad de acceder a un crédito y demostrar que el dividendo podrá sostenerse durante el período de financiamiento.
“Comprar una vivienda tiene muchas dimensiones. Está el pie, está el crédito, está el dividendo y está la capacidad de mantener ese dividendo durante 15, 20 o 30 años. Si resolvemos solamente una de esas variables, no necesariamente estamos resolviendo el problema completo”, explica.
En esa línea, plantea que también es necesario revisar cómo las instituciones financieras evalúan a los postulantes. El mercado laboral actual, sostiene, presenta formas de generación de ingresos que no siempre encajan en los criterios tradicionales utilizados para otorgar financiamiento.
“Tenemos trabajadores independientes, personas que trabajan en plataformas, profesionales que tienen distintas fuentes de ingreso, profesores con contratos anuales o personas que complementan sus ingresos de distintas maneras. No se trata de eliminar el análisis de riesgo, sino de actualizarlo a la realidad laboral que tenemos hoy”, afirma.
Otro elemento que, según Velásquez, debería incorporarse a la discusión son los plazos y mecanismos de garantía. Extender los períodos de financiamiento podría permitir reducir el ingreso mínimo requerido para determinados créditos, mientras nuevas garantías podrían facilitar el acceso de personas que actualmente quedan fuera del sistema.
El experto también valora las medidas que ya se han implementado para apoyar el acceso a la vivienda, entre ellas FOGAES, los subsidios a las tasas hipotecarias y la ampliación de algunos beneficios habitacionales. Sin embargo, considera necesario avanzar también en educación financiera, debido al desconocimiento que todavía existe respecto de las alternativas disponibles.
“Hay personas que no saben exactamente cómo funcionan los beneficios, qué significa una vivienda de 4.000 UF o cómo opera un subsidio a la tasa. Necesitamos más información y educación financiera para que las familias puedan tomar mejores decisiones”, plantea.
A su juicio, la discusión tampoco debería concentrarse exclusivamente en quienes hoy están en condiciones de comprar. Existe un grupo de personas que actualmente no califica para un crédito, pero que podría hacerlo en algunos años si cuenta con una ruta de preparación financiera.
“También tenemos que pensar en el comprador del futuro: la persona que hoy no puede comprar porque tiene una deuda, porque acaba de empezar a trabajar, porque emprendió o porque todavía no cumple con las condiciones de un banco. Tenemos que generar un camino para que esa persona pueda convertirse en comprador más adelante”, sostiene.
Así, la propuesta de una Cuenta de Ahorro Habitacional puede convertirse, según Velásquez, en un punto de partida para una discusión mayor: cómo adaptar el sistema de acceso a la vivienda a las nuevas condiciones económicas y laborales del país.
“El pie es una parte importante de la ecuación, pero no es toda la ecuación. Si queremos que más familias puedan acceder a una vivienda, tenemos que trabajar también en crédito, garantías, evaluación financiera, sostenibilidad del dividendo y educación. El desafío es conectar a quienes necesitan una vivienda con las alternativas que hoy existen”, concluye.