La Agencia Internacional de Energía proyecta un déficit de oferta hacia 2035. Expertos plantean que el desafío para Chile no será solo desarrollar nuevos proyectos, sino elevar la productividad de las faenas existentes mediante tecnología e inteligencia artificial.
La creciente demanda mundial de cobre, impulsada por la electrificación, la expansión de las redes eléctricas y el desarrollo de los centros de datos, está tensionando la capacidad de la industria para generar nueva oferta. La Agencia Internacional de Energía (IEA) proyecta que, considerando los proyectos actualmente anunciados, podría existir una brecha de suministro cercana al 25% hacia 2035.
Para Chile, principal productor mundial del metal, el escenario representa tanto una oportunidad como un desafío. Mientras el desarrollo de nuevos proyectos puede tomar más de una década, la presión por aumentar la producción será cada vez mayor. En este contexto, la capacidad de elevar el rendimiento de las operaciones existentes aparece como uno de los principales factores para sostener la competitividad del país.
“Esa brecha del 25% no es un número lejano, es básicamente decirle al mundo que, si seguimos operando como hasta ahora, no vamos a poder responder a la demanda que se viene. Y Chile, que es el principal productor de cobre del planeta, tiene ahí una responsabilidad y una oportunidad enorme”, señala Nicolás Orellana, CCO de X Analytic, empresa especializada en inteligencia artificial aplicada a la minería.
El ejecutivo plantea que una parte relevante del desafío está en detectar dónde se pierde eficiencia dentro de las faenas que ya están operando. “Todo el mundo piensa que la única forma de producir más cobre es abrir una mina nueva, y eso toma diez, quince años entre permisos y construcción. Pero hay un potencial gigante en lo que ya existe”, sostiene. En ese escenario, el uso de inteligencia artificial permitiría anticipar fallas, monitorear procesos en tiempo real y detectar oportunidades de eficiencia antes de que se traduzcan en pérdidas de producción.
Pero la discusión tecnológica también tiene un antecedente histórico para Chile. “A mí la comparación con el salitre me parece inevitable. Chile fue durante décadas el dueño absoluto de ese mercado, y lo perdió no porque se acabara el salitre, sino porque otro país resolvió el mismo problema con tecnología y nosotros seguimos haciendo las cosas como siempre”, afirma Orellana.
Para el ejecutivo, la diferencia con aquella experiencia es que esta vez Chile todavía tendría margen para anticiparse. “Si Chile se demora en incorporar IA a su operación minera mientras otros países productores sí lo hacen, no vamos a perder el cobre que tenemos bajo tierra, vamos a perder la posición que tenemos hoy en el mercado mundial”, advierte.
Así, frente a una demanda global que seguirá creciendo y una oferta que enfrenta restricciones estructurales, el desafío para Chile no estaría únicamente en cuánto cobre puede extraer, sino en cuánto más puede obtener de los recursos y activos que ya posee. “La diferencia la va a marcar quién se tecnifica primero”, concluye Orellana.