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La fuerza de lo humano para adaptarse y aprender. Por Vivian Budinich, Gerente Corporativo Marketing y Sostenibilidad de Empresas Iansa.

Se modernizaronsus 1.150 m², incorporando una nueva distribución de las áreas de entrenamiento, salas completamente renovadas, espacios de cowork y una infraestructura que eleva el estándar deportivo de la Región de Valparaíso.

Mesas y sillas plegables, bolsos para picnic, cocinillas y carpas forman parte de la propuesta de la marca, que también cuenta con un showroom en Quilpué para conocer sus productos de cerca.

La división de la estatal licitó un contrato a ocho años que reemplazó la totalidad de sus vehículos diésel por unidades cero emisiones, adelantándose a las metas corporativas de la cuprífera al 2030.

En el mundo de la inteligencia artificial, da la impresión que crecer es avanzar siempre más rápido. Pero la vida, el trabajo y las personas no se mueven en línea recta. Muchas veces crecer también es detenerse, mirar de nuevo y aprender a moverse en un escenario que cambió. Eso es adaptación.

Adaptarse no es dejar de ser quienes somos, sino observar con atención, entender qué está cambiando y tener la humildad de ajustar nuestra forma de actuar cuando la realidad nos muestra que necesitamos hacerlo distinto.

No es una idea abstracta. Informes de la OCDE y del Foro Económico Mundial coinciden en que la resolución adaptativa de problemas, la resiliencia y la flexibilidad son hoy las habilidades más críticas para el trabajo. En un entorno donde las capacidades quedan obsoletas en poco tiempo, la actualización constante ya no es una opción; es parte del trabajo diario. Necesitamos aprender, desaprender y volver a aprender a lo largo de toda la vida.

Pero para adaptarnos de verdad necesitamos algo más simple y, al mismo tiempo, más profundo: mantener vivas las ganas de aprender y no solo sumar conocimientos. Es indispensable estar disponibles para escuchar, hacernos preguntas incómodas, reconocer que no siempre tenemos la respuesta y cambiar de opinión cuando aparece nueva información o una mirada que nos hace sentido. Es desde esa conexión con lo humano que cultivamos las herramientas para adaptarnos a las tecnologías.

Aprender requiere humildad; adaptarse, flexibilidad. Estos atributos nos recuerdan que no podemos resolver los problemas de hoy con las recetas de ayer. La experiencia ayuda, claro. Nos permite leer mejor los escenarios, reconocer patrones y tomar decisiones con perspectiva. Pero cuando la experiencia se rigidiza y nos convence de que siempre debemos hacer las cosas igual, se convierte en el principal obstáculo para avanzar.

Quizás por eso una de las grandes ventajas en el mundo actual no sea tener todas las respuestas, sino conservar la capacidad y la disposición de hacerse buenas preguntas, como decían Sócrates y otros filósofos. Preguntar, escuchar, observar, aprender, probar, equivocarse, ajustar, y volver a intentarlo.

El futuro no pertenecerá solo a quienes sepan más. También pertenecerá a quienes estén dispuestos a seguir aprendiendo, a adaptarse con humildad y a mantenerse abiertos a todo aquello que todavía no saben.

 

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