El Día Mundial del Corazón nos recuerda que las afecciones cardíacas siguen matando a una de cada tres personas en el mundo. En Chile, la situación es alarmante. Durante 2025, cerca de 4.500 personas fallecieron a causa de infartos, consolidando a esta enfermedad como uno de los principales desafíos sanitarios en el país.
Este problema se relaciona directamente con los entornos laborales, donde predominan alimentos de baja calidad nutricional, estilos de vida sedentarios y altos niveles de estrés.
Más de nueve millones de personas conforman la fuerza laboral del país y pasan un tercio de su vida diaria en el trabajo. Sin embargo, la legislación vigente solo garantiza media hora de colación y condiciones higiénicas mínimas en los comedores, medidas insuficientes para asegurar una alimentación saludable.
Las consecuencias no son solo sanitarias y la evidencia es clara, llevar una dieta inadecuada puede reducir hasta en 20% la productividad laboral. Estudios de simulación han estimado que promover una alimentación laboral saludable en Chile podría incrementar el Producto Interno Bruto (PIB) en hasta un punto porcentual.
Garantizar el derecho a la alimentación adecuada en los espacios de trabajo no es solo una cuestión de salud, sino también de equidad y sostenibilidad. Avanzar hacia entornos laborales que promuevan dietas saludables y sostenibles es una inversión en la salud cardiovascular de la población, en la productividad del país y en la resiliencia de nuestras comunidades.
En este Día Mundial del Corazón, bajo el lema “No pierdas el ritmo”, el llamado es claro; necesitamos que el ritmo de la vida laboral no sea un obstáculo para la salud, sino una oportunidad para prevenir la aparición de enfermedades cardiovasculares, generar ambientes alimentarios más justos y, de ese modo, un Chile más productivo y sostenible.