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La próxima frontera de la inteligencia artificial está en cómo la hacemos funcionar. Por Juan Mejía, gerente senior de Ventas de Software para Latinoamérica de Schneider Electric

Se modernizaronsus 1.150 m², incorporando una nueva distribución de las áreas de entrenamiento, salas completamente renovadas, espacios de cowork y una infraestructura que eleva el estándar deportivo de la Región de Valparaíso.

Mesas y sillas plegables, bolsos para picnic, cocinillas y carpas forman parte de la propuesta de la marca, que también cuenta con un showroom en Quilpué para conocer sus productos de cerca.

La división de la estatal licitó un contrato a ocho años que reemplazó la totalidad de sus vehículos diésel por unidades cero emisiones, adelantándose a las metas corporativas de la cuprífera al 2030.

La inteligencia artificial está entrando en una nueva etapa. Después de la carrera por desarrollar modelos cada vez más sofisticados y construir la infraestructura para procesarlos, el desafío será operar de manera eficiente, confiable y sostenible los centros de datos que sostienen esta revolución. Según McKinsey & Company (2025), la demanda global de capacidad para centros de datos crecerá entre 19% y 22% anual hasta 2030, impulsada principalmente por la IA, lo que requerirá inversiones cercanas a US$6,7 billones en infraestructura durante los próximos cinco años.

Sin embargo, construir más capacidad no será suficiente. Las cargas asociadas a la IA están elevando las densidades de potencia, generando nuevos requerimientos de refrigeración y aumentando la necesidad de continuidad operacional. Al mismo tiempo, crecerá la presión por procesar más información consumiendo más energía, pero reduciendo costos y huella ambiental. En este escenario, el desafío comienza a trasladarse desde la infraestructura física hacia la capacidad de gestionarla de manera inteligente.

El software deja así de ser una herramienta de monitoreo para convertirse en parte de la infraestructura crítica. Integrar información de los sistemas eléctricos, climatización, tecnología de la información y activos permite no sólo saber qué está ocurriendo, sino también anticipar fallas, optimizar el consumo y tomar decisiones antes de que un problema afecte la operación. Tecnologías como los gemelos digitales y el mantenimiento predictivo permiten que instalaciones cada vez más complejas puedan diseñar, operar y mantenerse a partir de datos, considerando todo su ciclo de vida.

Para Chile, esta transformación representa una oportunidad para consolidarse como referente regional en infraestructura digital. Pero el liderazgo no dependerá únicamente de atraer inversiones o sumar capacidad instalada, sino de demostrar que esa infraestructura puede operar de forma eficiente, resiliente y sostenible. La próxima frontera de la IA, entonces, no estará solo en desarrollar modelos más potentes o construir centros de datos más grandes, sino en hacer funcionar mejor todo aquello que los sostiene. Porque en esta nueva carrera, la ventaja no será únicamente tener más infraestructura, sino saber cómo aprovecharla.

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