Cada 30 de septiembre se celebra el Día Mundial del Podcast, y este año la fecha encuentra al formato en un lugar distinto. Durante años hablamos del podcast como un formato emergente. Algo que estaba creciendo, que había que observar y que eventualmente podía transformarse en una oportunidad para medios, creadores y marcas. Esa etapa terminó. Hoy la pregunta ya no es si el podcast tiene futuro, sino cómo aprovechar un espacio que ya forma parte de los hábitos de consumo de las personas.
En Chile, un 47% de las personas escuchó un podcast durante el último mes y, entre quienes son oyentes habituales, un 68% lo hace al menos tres veces por semana, según datos de IAB Chile. No estamos frente a un consumo ocasional. El podcast encontró un lugar concreto en la rutina y, además, lo hizo sin depender de una sola plataforma: YouTube, Spotify, aplicaciones y sitios web conviven como puertas de entrada al mismo contenido.
También dejamos atrás la idea de que el podcast es necesariamente un espacio de conversación especializada o información. El 65% de los oyentes dice escucharlos para entretenerse, frente a un 38% que lo hace para informarse. Basta mirar los programas que concentran audiencia en Chile: humor, actualidad, entrevistas y análisis pueden convivir perfectamente porque el verdadero valor del formato no está en el género, sino en el vínculo que logra construir con quien escucha.
Ahí está, a mi juicio, su mayor fortaleza. En un ecosistema digital marcado por contenidos breves, algoritmos cambiantes y una competencia permanente por algunos segundos de atención, el podcast ofrece algo cada vez más escaso: tiempo y confianza. Esa relación también explica por qué puede ser especialmente interesante para las marcas. Un 54% de los oyentes declara haber comprado productos anunciados en podcasts y sus conductores pueden llegar a ser hasta el doble de influyentes que los creadores de redes sociales entre las audiencias habituales.
Pero sería un error reducir su atractivo solamente a la publicidad. Un episodio bien trabajado puede convertirse en clips, citas, fragmentos de audio, videos y múltiples piezas para distintas plataformas. Es decir, el podcast puede funcionar como el centro de una estrategia de contenidos mucho más amplia y no simplemente como una pieza aislada.
Para quienes buscan referencias dentro del ecosistema de emprendimiento y negocios en Chile, algunos podcasts destacan por su consistencia y enfoque: «El Ring de las Ventas» conducido por Ariel Jeria y Andrés Pupkin, «MAS Pitch» de DF MAS, animado por el periodista Juan Pablo Silva, y el podcast de Nico Orellana ofrecen conversaciones periódicas orientadas a marketing, ventas y liderazgo empresarial, y son un buen punto de partida para entender cómo se construye audiencia en este formato dentro del mercado local.
Además, su barrera de entrada sigue siendo relativamente baja frente a otras producciones audiovisuales. Esto democratiza el formato, pero también genera un desafío, ya que como producir es más fácil, diferenciarse es más difícil.
Por eso, el verdadero activo no es tener un podcast. Es construir una audiencia que quiera volver. Y eso requiere una propuesta reconocible, buenos contenidos y, sobre todo, consistencia.
El podcast dejó de ser una apuesta porque ya demostró que puede generar entretención, negocio y comunidad. La oportunidad ahora está en entender que su valor no se construye con un episodio viral, sino con la disciplina de estar ahí, semana tras semana, cuando la audiencia decide volver.