Dormir mal, vivir con fatiga constante, tener molestias digestivas permanentes, dolor persistente o perder masa muscular suelen estar completamente normalizados en un mundo moderno y de hiperproductividad. Sin embargo, algunos profesionales de la salud llaman a observar estas señales y entender que una buena salud va más allá de no contar con un diagnóstico «con nombre y apellido» o tener exámenes dentro de los rangos de laboratorio que aplican para la población mundial.
Tener exámenes médicos dentro de los rangos de referencia o no contar con una enfermedad diagnosticada puede entregar tranquilidad. Sin embargo, eso no necesariamente significa que el organismo esté funcionando de manera óptima ni que una persona goce de una buena calidad de vida.
Fatiga persistente, trastornos del sueño, estreñimiento, molestias digestivas, dolor crónico, pérdida de fuerza, disminución de masa muscular e incluso una dependencia creciente de medicamentos para manejar determinados síntomas, son el escenario de base de muchas personas hoy en día. El problema aparece cuando estas molestias se normalizan sin intentar comprender qué está ocurriendo detrás de ellas, sin llegar a la verdadera causa de raíz. Por lo mismo aprender a detenerse, observar y conectar con las señales que nos da el cuerpo es parte fundamental del cuidado preventivo.
«Muchas personas se acostumbran a vivir cansadas, a dormir mal, a tener molestias digestivas o algún tipo de dolor constante porque sienten que forma parte de la edad, del estrés o de la rutina. Pero los síntomas entregan muchísima información. No significa necesariamente que exista una enfermedad, pero sí que hay algo que merece ser observado, contextualizado e idealmente evaluado», explica la Dra. Marion Grinstein, médica con enfoque en medicina funcional, integrativa y sistema nervioso autónomo (SNA).
Desde una mirada integrativa, la salud no depende únicamente de un parámetro aislado, sino de distintas aristas. La calidad del sueño, la regulación del estrés y el sistema nervioso autónomo, la alimentación, el movimiento, las relaciones sociales y el constante contacto (o no) con la naturaleza están dentro las más importantes, pues aumentan la flexibilidad metabólica y la forma en cómo nos sentimos y nos desempeñamos a diario.
En este sentido, el ejercicio también cumple un papel relevante. Más allá del peso corporal, mantener fuerza y masa muscular contribuye a preservar funcionalidad, movilidad y autonomía, especialmente a medida que avanzan los años. Además del gran impacto positivo y múltiples beneficios que tiene sobre el estado de ánimo y salud mental.
«Mirar a la persona de manera integral permite entender que el cuerpo funciona como una red de sistemas interconectados. El sueño influye en el metabolismo, el estrés repercute en la digestión y el sistema nervioso, y la falta de movimiento también tiene consecuencias a nivel físico y mental. La invitación no es a obsesionarse con cada síntoma, sino a dejar de normalizar un malestar sostenido y consultar cuando algo cambia o interfiere con nuestra calidad de vida», agrega Grinstein.
Escuchar esas señales, mantener controles de salud constantes según tu historial médico (ya sea preventivo y/o terapéutico), y adoptar hábitos saludables sostenibles en el tiempo, permite detectar desequilibrios oportunamente, prevenir el desarrollo avanzado de enfermedades y favorecer una mejor calidad de vida a largo plazo. Si quieres más información sobre salud, prevención y cómo incorporar hábitos que contribuyan al bienestar integral, puedes visitar la cuenta de Instagram de la Dra. Marion Grinstein @dra.mariongrinstein.