Los últimos datos del INE son un golpe de realidad. La tasa de desocupación subió a 9,6% en el trimestre junio-agosto, su nivel más alto en más de cinco años y un punto porcentual superior al registrado hace doce meses. Se perdieron cerca de 81 mil empleos y los desocupados aumentaron 13%, superando las 989 mil personas. Entre las mujeres, el desempleo alcanza 10,3% y en la Región Metropolitana llega a 9,8%.
La señal se vuelve aún más preocupante al mirar la actividad productiva. La producción industrial cayó 5,7% en agosto, con una contracción de 11,7% en minería y de 2,6% en manufactura. El PIB del segundo trimestre ya había retrocedido 0,2%.
No son cifras aisladas. Son la radiografía de un mercado laboral que se deteriora mientras la actividad productiva pierde fuerza. Chile no puede seguir perdiendo empleos y capacidad productiva sin consecuencias para las familias y el futuro del país.
Se necesitan medidas concretas que reactiven la inversión y permitan crear trabajo de calidad. Los números no admiten optimismo vacío. Exigen acción.