¡Qué digo! No lo dudo, no lo dudes, no lo duden, es un atrevimiento total. Dar forma, o recrear una expresión idiomática empleada por los jóvenes en ámbitos propios de los videojuegos, proyectando gracia, carisma, seguridad, talante o presencia mediante gestos, poses, miradas o movimientos y resignificarlo en el ambiente educacional, por medio de dones, valores, dotes, actitudes, personalidad, vocación, en el ejercicio de la docencia, con el propósito de asentarlos en la formación profesional de los dicentes, yendo más allá de lo técnico, de su expertise.
¿Qué es? Punto uno. Cultivar el espacio del encuentro con paciencia, constancia y rigor. Punto dos. Sembrar en cada clase la duda fértil, la distinción gramatical que se vuelve lección de vida, la mirada atenta hacia el estudiante. Punto tres. Cosechar humanidad donde usualmente se busca transmitir contenidos o cumplir métricas.
¿Cómo hacer, entonces? ¿Cómo farmear aula? En el contacto directo, entre los estudiantes, con los estudiantes, las pantallas, como medio de transmisión, de comunicación, solo un poco, más, mucho más, interactuando, conociendo, conversando, dando señas, enseñando, entonces, enseñando a pensar, a reflexionar, a distinguir, a sentir, a valorar, a diferenciar a un niño pobre de un pobre niño, a creer de crear; también, al invitarlos al término de una clase, ya en la despedida, a compartir lo aprendido con sus semejantes, con su prójimo, con el conserje, con el guardia, con sus padres, con sus hermanos, con sus amigos, la invitación es a no ser egoístas.
Lo mejor, sinceramente, lo mejor, es cuando se farmea aula, fuera de ella. Cuando esta acción trasciende el aula, va más allá del aula, en el espacio y en el tiempo. Ahí es cuando se sabe que se farmeó, en plenitud. Cuando la cosecha es grande, mayor, de significado mayor. Cuando, luego de muchos abriles, el estudiante cruza una calle para saludarte, cuando de súbito, recibes un llamado telefónico, pero de la nada, solo porque surgió el recuerdo y se evoca alguna situación de “rescate académico” que sí surtió efecto, y hay conclusión de los estudios, hay profesión, hay familia.
Se farmeó, cuando hoy, recibes mensajes vía aplicación para informarnos de que debido a inconvenientes se ingresará un poco tarde al salón, ¿por qué?, porque se ha creado vínculo, confianza, cercanía.
Se farmeó cuando un estudiante de medicina, al término de un curso instrumental de lenguaje, entre otras expresiones consulta si se impartirá un nuevo curso semejante en el plan de estudios. Se farmeó cuando un estudiante hace una promesa de bautizar a un hijo con el nombre de un profesor.
Se farmeó si una estudiante y su prometido solicitan una entrevista para formalizar ante la presencia de un profesor un compromiso solemne de caminar juntos.
Se farmeó si un estudiante inquieto, luego de instruírsele que investigue un tema afín a los contenidos, toma ese compromiso y tiempo después informa de su trabajo investigativo con notable precisión.
Se farmeó si cientos, si no miles de estudiantes mantienen lazos de comunicación entre sí y con sus formadores tanto a nivel personal, social como profesional.
Se farmeó si luego de la academia, no solo se es buen profesional, si no cuando se ha logrado formar personas buenas, o buenas personas.
¿Es posible? ¡Sí, es posible!