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Aluviones e inundaciones no reconocen límites comunales. Por Francesca Machiavello Narváez, Académica Facultad Ciencias de la Vida U. Andrés Bello

El programa de reciclaje orgánico desarrollado en Concón, con financiamiento de Enap y la participación de establecimientos gastronómicos y hoteleros…

Los equipos intervinieron el sector adyacente a la planta y al emisario, sumándose a una jornada territorial que permitió retirar más de una tonelada de residuos en la bahía de Quintero y Puchuncaví.

Las intensas precipitaciones, inundaciones y aluviones que han afectado a la Región Metropolitana durante las últimas semanas nos recuerdan una realidad, el agua no reconoce límites administrativos. Su comportamiento responde a las cuencas hidrográficas, sistemas donde precipitaciones, pendientes, suelos, vegetación y cursos de agua interactúan. Lo que ocurre en las partes altas puede tener consecuencias kilómetros más abajo, activando quebradas y movilizando sedimentos hacia sectores urbanizados.
Las consecuencias no dependen solamente de cuánto llueve. La vegetación y los suelos favorecen la infiltración, mientras la expansión urbana, la impermeabilización del suelo y la ocupación de áreas expuestas pueden aumentar el riesgo.
Aquí aparece un desafío para la planificación territorial. Administramos nuestros territorios mediante límites político-administrativos, pero los procesos naturales no funcionan así. El agua que cae en una comuna puede escurrir hacia otra y una intervención aguas arriba modificar las condiciones aguas abajo. Abordar estos problemas solo desde límites administrativos resulta insuficiente.
Pensar las ciudades del futuro requerirá incorporar las cuencas hidrográficas, idealmente, como unidades de análisis y planificación, protegiendo cabeceras, quebradas, humedales y zonas de infiltración, y fortaleciendo la coordinación entre los territorios que comparten una misma cuenca.
Frente a la variabilidad climática y fenómenos como El Niño, que puede favorecer lluvias más abundantes, la planificación deberá anticiparse a los riesgos.
Pero también debemos hacernos cargo de la ciudad que ya construimos, adaptando infraestructura y espacios urbanos expuestos. Las decisiones actuales determinarán qué tan preparadas estarán nuestras ciudades.
Planificar considerando las dinámicas naturales es también una forma de proteger a las personas, reducir su exposición al riesgo y construir ciudades más seguras y habitables. Quizás el desafío sea dejar de mirar el territorio únicamente a través de las fronteras que hemos dibujado y comenzar a planificar también a partir de los límites que establece la propia naturaleza.

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