Las fuertes lluvias han dejado una sensación de alivio frente a la sequía, pero también una serie de riesgos que suelen pasar inadvertidos. El barro, los charcos y el agua estancada en patios, calles y espacios públicos constituyen riesgos sanitarios no solo para las personas. También para nuestras mascotas.
Entre las enfermedades asociadas se encuentran la giardiasis, un parásito intestinal que genera fuertes diarreas[i]; la leptospirosis, infección bacteriana que puede transmitirse a través del contacto con agua o barro mediante la orina de animales infectados[ii];; y problemas dermatológicos por la exposición prolongada a la humedad, solo por nombrar algunas. Los perros, si permanecen mucho tiempo en exteriores, son especialmente vulnerables.
Pero el riesgo no es solo sanitario. Tras temporales y anegamientos es frecuente encontrar vidrios rotos, latas, trozos de metal y otros residuos ocultos, que pueden provocar cortes, heridas e infecciones, afectando a niños y también mascotas que recorren patios y veredas sin percibir el peligro.
Prevenir es fundamental. Revisar y limpiar patios, retirar basura acumulada, eliminar recipientes que contengan agua estancada y estar muy alerta durante los paseos son medidas básicas de tenencia responsable. Como siempre, esto también implica estar atentos al estado de salud de nuestros animales y asistir al veterinario ante cualquier síntoma sospechoso.
Además, es bueno reforzar algo que suele olvidarse en días de lluvia: la hidratación. Las bajas temperaturas no disminuyen la necesidad de consumir agua de calidad. Esto sigue siendo una obligación básica de cuidado, y los snacks húmedos pueden ser un buen complemento y refuerzo.
Después de la lluvia, la responsabilidad con nuestras mascotas debe seguir. Porque el compromiso es de por vida.