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Día de las Bibliotecas Escolares: necesitamos escuelas que despierten lectores. Por Juan Pablo Catalán, investigador de Educación UNAB

El programa de reciclaje orgánico desarrollado en Concón, con financiamiento de Enap y la participación de establecimientos gastronómicos y hoteleros…

Los equipos intervinieron el sector adyacente a la planta y al emisario, sumándose a una jornada territorial que permitió retirar más de una tonelada de residuos en la bahía de Quintero y Puchuncaví.

Hubo un tiempo en que las bibliotecas escolares parecían templos del silencio. Los libros descansaban en estanterías y sus páginas esperaban pacientemente ser descubiertas. Hoy, esos espacios tienen la oportunidad de transformarse en territorios de encuentro, imaginación y aprendizaje. Porque una biblioteca no debería ser el lugar donde duerme el conocimiento, sino donde despierta el pensamiento.

Este 23 de octubre, Día de las Bibliotecas Escolares, Chile conmemora 32 años de una política educativa que ha evolucionado desde los Centros de Recursos para el Aprendizaje (CRA) hacia el actual programa Centro de Lectura y Biblioteca Escolar. Una transformación que busca convertir estos espacios en escenarios pedagógicos vivos, vinculados al currículum, la creatividad y la construcción del conocimiento (Mineduc, 2026).

Pero esta evolución nos enfrenta a una pregunta incómoda: ¿estamos formando ciudadanos apasionados por la lectura o solamente modernizando los lugares donde guardamos los libros?

Los resultados PISA 2025 revelan una realidad inquietante: el 38 % de los estudiantes chilenos de 15 años no alcanza el nivel mínimo de competencia lectora y apenas un 2 % logra desempeños avanzados, frente al 6 % promedio de la OCDE (OCDE, 2026). Estas cifras nos recuerdan que enseñar a leer no basta; necesitamos formar generaciones capaces de comprender, cuestionar e interpretar críticamente el mundo.

El Manifiesto sobre la Biblioteca Escolar de IFLA-UNESCO (2025) reconoce estos espacios como fundamentales para desarrollar pensamiento crítico, creatividad y ciudadanía. Sin embargo, ningún libro transforma por sí solo una experiencia educativa. Una biblioteca desconectada del aula es una oportunidad pedagógica que se pierde en silencio.

Aquí emerge nuestra mayor responsabilidad docente: diseñar experiencias de aprendizaje que trasciendan las cuatro paredes del aula y conviertan los Centros de Lectura y Biblioteca Escolar en verdaderos laboratorios de curiosidad. Espacios donde niños, niñas y jóvenes investiguen, dialoguen, descubran historias, elijan qué leer y encuentren en cada página una invitación a pensar.

Chile ha avanzado en colecciones, recursos digitales y formación de equipos CRA. Pero la verdadera innovación no consiste en multiplicar libros ni reemplazar estanterías por pantallas. Exige profesores que enseñen desde la pasión, directivos que integren la biblioteca al proyecto educativo y comunidades que comprendan que el gusto por leer no se impone: se despierta.

Este 23 de octubre, más que celebrar bibliotecas, debemos preguntarnos qué experiencias estamos ofreciendo para que nuestros estudiantes quieran habitarlas. Porque no necesitamos solamente escuelas con más libros. Necesitamos escuelas donde los libros despierten más preguntas, provoquen más conversaciones y formen ciudadanos que encuentren en la lectura una pasión para toda la vida.

Al final, una biblioteca no transforma la educación por los libros que guarda, sino por los pensamientos que despierta y las vidas que consigue iluminar.

 

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