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Cuando las palabras no llegan. Por Cristina Ramírez, académica de Fonoaudiología, Universidad Andrés Bello

El programa de reciclaje orgánico desarrollado en Concón, con financiamiento de Enap y la participación de establecimientos gastronómicos y hoteleros…

Volver a decir el nombre de un hijo, participar en una conversación familiar o expresar una opinión pueden parecer acciones sencillas. Sin embargo, para quienes han sufrido un accidente cerebrovascular (ACV), estas experiencias cotidianas pueden convertirse en desafíos que transforman profundamente su relación con el mundo.

A finales de octubre, el Día Mundial del ACV nos recuerda la importancia de reconocer sus síntomas y actuar oportunamente. Pero existe una pregunta que merece mayor atención: ¿qué ocurre con las personas después de sobrevivir y descubrir que ya no pueden comunicarse como antes?

Una de las posibles consecuencias es la afasia, una alteración del lenguaje que puede afectar la expresión, comprensión, lectura y escritura. Imaginemos saber exactamente lo que queremos decir, pero no encontrar las palabras. O escuchar una conversación y tener dificultades para comprenderla, aun cuando deseamos participar.

El problema no termina en el lenguaje. Cuando una persona pierde la posibilidad de comunicarse con facilidad, también pueden cambiar sus relaciones familiares, su participación social y la manera en que se reconoce a sí misma. Alguien acostumbrado a tomar decisiones puede comenzar a depender de otros incluso para expresar sus preferencias.

Los investigadores Mark Ylvisaker y Timothy Feeney abordaron la reconstrucción de la identidad después de una lesión cerebral. Aunque sus aportes se desarrollaron principalmente en personas con traumatismo craneoencefálico, permiten reflexionar sobre algo igualmente relevante después de un ACV: recuperar capacidades no siempre significa recuperar automáticamente el lugar que ocupábamos en nuestra propia vida.

Desde la Fonoaudiología, esto plantea un desafío que va más allá de rehabilitar palabras. Necesitamos comprender qué desea volver a hacer cada persona, qué relaciones quiere mantener y en qué espacios necesita recuperar participación. La comunicación no es únicamente una habilidad; también es una forma de ejercer autonomía.

La familia cumple aquí un papel fundamental. Dar tiempo para responder, evitar interrupciones, utilizar gestos o apoyos visuales y escuchar con paciencia puede marcar una diferencia importante. A veces, el avance más significativo no consiste en construir una frase perfecta, sino en conseguir que una persona vuelva a expresar una decisión.

También debemos formar profesionales capaces de mirar más allá del diagnóstico. La rehabilitación necesita evidencia científica y competencias clínicas, pero también sensibilidad para reconocer las historias, vínculos y proyectos que existen detrás de cada paciente.

Después de un ACV, la vida continúa, aunque algunas formas de vivirla deban reconstruirse. El verdadero desafío no es solamente ayudar a recuperar las palabras, sino conseguir que las personas sigan teniendo voz en las decisiones, relaciones e historias que les pertenecen.

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