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La inteligencia artificial no necesita más promesas: necesita resolver problemas reales. Por Felipe Elgueta, Cofundador de Elipse.ai

El programa de reciclaje orgánico desarrollado en Concón, con financiamiento de Enap y la participación de establecimientos gastronómicos y hoteleros…

Durante los últimos años hemos escuchado que la inteligencia artificial va a cambiarlo todo. Y probablemente sea cierto. Pero mientras seguimos hablando de modelos, agentes y nuevas capacidades, hay una pregunta más simple que no deberíamos perder de vista: ¿qué problema estamos resolviendo?

En Chile, como en muchas partes del mundo, existe el riesgo de enamorarnos de la tecnología antes de entender la necesidad. Implementar IA no debería ser un objetivo en sí mismo. Tampoco una señal de modernidad.

Después de años trabajando con tecnología aplicada a salud, he aprendido que el verdadero valor aparece en cosas mucho menos espectaculares.

Una persona que no pierde una hora médica. Un adulto mayor que recibe información por un canal que entiende. Un funcionario que deja de hacer cientos de llamadas repetitivas y puede dedicar ese tiempo a orientar a un paciente. Un centro de salud que logra comunicarse mejor con su comunidad.

Ahí es donde la inteligencia artificial deja de ser una promesa y empieza a tener sentido.

También hemos aprendido algo importante: automatizar no significa necesariamente deshumanizar. Bien utilizada, la tecnología puede hacer justamente lo contrario. Puede encargarse de tareas repetitivas, operar a gran escala e integrarse a los sistemas que ya existen, para que las personas puedan concentrarse en aquello que requiere criterio, empatía y acompañamiento.

Por eso creo que la discusión que Chile necesita dar sobre inteligencia artificial no es solo cuánto estamos adoptándola, sino para qué la estamos usando.

No necesitamos más proyectos que impresionen durante una demostración y después no sobrevivan a la operación diaria.

Necesitamos tecnología que entienda los problemas, se integre a la realidad de las organizaciones y produzca resultados que las personas puedan sentir.

Porque al final, la mejor inteligencia artificial probablemente no será la que más nos impresione. Será la que haga un poco más fácil nuestra vida cotidiana.

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