Una experiencia realizada en la provincia de Petorca permitió obtener repollos, coliflores, brócolis, lechugas, ajos, zanahorias y betarragas mediante camas de cultivo enriquecidas con materia orgánica. La práctica ofrece una alternativa para organizar la producción hortícola, aunque su aplicación depende de las condiciones de cada predio y de un manejo adecuado.
Producir distintas hortalizas en un espacio limitado, facilitar las labores de cultivo y aprovechar la materia orgánica disponible son algunas de las posibilidades que ofrece el sistema de bancales.
Esta técnica fue utilizada en un predio en la provincia de Petorca, Región de Valparaíso, donde se establecieron cultivos hortícolas como parte de una experiencia vinculada al trabajo de adaptación de la agricultura familiar campesina frente al cambio climático.
Andrea Torres P., Aart Osman del INIA LA Cruz fueron los responsables de la experiencia y esta fue documentada por los profesionales vinculados al trabajo de INIA La Cruz y se generó en el proyecto “Transferencia, diseño e implementación de una solución de adaptación de la Agricultura Familiar Campesina (AFC) y producción agrícola en el escenario de cambio climático”, financiado por el Gobierno Regional de Valparaíso a través del Fondo de Innovación para la Competitividad y el Desarrollo.
Los bancales son camas de cultivo elevadas, generalmente construidas con suelo del propio terreno y enriquecidas con materiales orgánicos, como compost, guano y restos vegetales. Su estructura se delimita con tablas u otros materiales para mantener la forma de la cama y facilitar el acceso a las plantas durante las labores agrícolas.
Entre sus ventajas se encuentran el aprovechamiento del espacio, el manejo de las malezas, el drenaje y la posibilidad de generar condiciones favorables para el desarrollo de los cultivos. Su construcción también permite concentrar la preparación del suelo y la incorporación de materia orgánica en las zonas destinadas a la producción.
Materia orgánica para preparar el suelo
En el contexto del proyecto cambio climático se construyeron cuatro bancales de 16 metros de largo, un metro de ancho y 30 centímetros de alto. Antes de instalarlos, el suelo se preparó para lograr una estructura suelta y facilitar el desarrollo de las raíces.
El terreno contaba con aportes previos de guano de aves, caprinos y ovinos. A esto se sumó paja de alfalfa, distribuida sobre las futuras camas de cultivo a razón de un fardo por cada 20 metros cuadrados. Luego se cubrió con suelo y, una vez armada cada estructura, se incorporó una capa de dos centímetros de compost.
La elección de los materiales depende de su disponibilidad en cada predio. La materia orgánica puede contribuir a mejorar las condiciones físicas del suelo y aportar nutrientes, mientras que una preparación adecuada favorece el establecimiento de las plantas.
El sistema se complementó con riego por cintas, instaladas a una distancia de 25 centímetros entre líneas, para distribuir el agua a lo largo de los bancales.
Diversidad de cultivos en una misma estructura
En las camas se establecieron diferentes hortalizas, entre ellas repollo, coliflor, brócoli, lechugas de hojas verdes y moradas, ajo chilote, zanahoria y betarraga. La distribución de las especies y sus distancias de plantación se ajustaron a las características de cada cultivo.
La combinación de hortalizas con distintas formas de crecimiento y la organización de las plantas dentro de las camas permitieron aprovechar la superficie disponible. De acuerdo con el informativo técnico N° 52 (http://hdl.handle.net/20.500.14001/69826) la producción obtenida fue satisfactoria y las hortalizas alcanzaron un buen calibre, sin que fuera necesario complementar la materia orgánica incorporada con fertilizantes adicionales.
También se registró una baja presencia de enfermedades, con una merma de producción de lechugas de alrededor de un 2 %. Entre las dificultades observadas estuvieron los daños ocasionados por liebres y la presencia del burrito de las hortalizas (Listroderes difficilis) (http://hdl.handle.net/20.500.14001/69393), que afectó principalmente a las zanahorias y betarragas establecidas mediante siembra directa.
A partir de esta experiencia, el equipo recomendó instalar un cierre perimetral antes de establecer los plantines, para reducir el riesgo de daños por conejos y liebres.
Una alternativa que requiere adaptación a cada predio
El cultivo en bancales puede ser una opción para quienes disponen de superficies limitadas o necesitan organizar mejor las labores hortícolas. Sin embargo, su diseño debe considerar las características del terreno, el acceso al agua, los materiales disponibles y las necesidades de cada especie.
Estos antecedentes prácticos sobre la construcción, preparación y manejo de bancales para producir distintas hortalizas. Para determinar su desempeño en otros contextos, es necesario considerar las condiciones locales y evaluar cómo responde el sistema en diferentes suelos, temporadas y esquemas de manejo.
El proyecto apunta a la adaptación al cambio climático de los sistemas productivos hortofrutícolas de la AFC en las provincias de Petorca y San Felipe a través de la diversificación de los predios mediante la introducción de cultivos adaptados al cambio climático.
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