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No hay conciencia en la población sobre el mayor riesgo de cáncer debido a la obesidad

El 26,4 por ciento de los adultos que viven en Chile tienen obesidad, según el Panorama de la Salud 2023 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE); de este modo, supera el promedio de las naciones que conforman este organismo, el cual alcanza el 18%. Además, de acuerdo con cifras del Mapa Nutricional 2022 de la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (Junaeb), el 26,2% de los niños de nuestro país presenta obesidad. Los porcentajes aumentan si se incluye a quienes se encuentran en condición de sobrepeso.

Autoridades, organismos públicos, científicos y profesionales de la salud coinciden en que es un tema preocupante en el mundo y particularmente en Chile, ya que registra una de las prevalencias más altas a nivel internacional. Según cálculos de la Universidad de Chile expuestos en 2018, se espera que para el año 2030, en nuestro territorio, los costos totales atribuibles al sobrepeso y la obesidad asciendan a más de 3 mil millones de pesos anuales.

ALTERACIONES METABÓLICAS, DIETA, INFLAMACIÓN…

Son cifras de un problema, el de la obesidad, que ha cobrado cada vez mayor relevancia en la agenda pública y que fue el tema principal de la Summer School in Obesity, simposio que se desarrolló este en la Universidad de Talca, y donde expusieron científicos de Chile y México en torno a diversas aristas y vinculaciones de esta enfermedad crónica, incluyendo respuestas celulares, dieta, estrés oxidativo, inflamación, alteraciones metabólicas, diabetes y cáncer, entre otras.

La actividad fue organizada por las universidades de Talca y de Chile, a través del Doctorado y el Magíster en Ciencias Biomédicas de la primera, y el Centro de Estudios en Ejercicio, Metabolismo y Cáncer (CEMC) de la segunda.

«Desde 1975, la prevalencia de la obesidad casi se ha triplicado en el mundo. En 2016, casi dos mil millones de personas tenían un exceso de peso, de las cuales 650 millones tenían obesidad. Ese año, más de 340 millones de niños mayores de 5 años y adolescentes -hasta 19 años- presentaban sobrepeso u obesidad. Esto último es muy preocupante, porque mientras más tempranamente se manifiesten los síntomas de la obesidad, antes se manifestarán los efectos negativos asociados a esta. Si alguien tiene 65 o 70 años, y empieza a presentar sobrepeso y luego obesidad, sin duda tendrá problemas, pero probablemente el cuadro no será tan negativo como el que afectará a una persona que ya a los 15 o 20 años tiene obesidad y que, entonces, podría vivir unos sesenta años lidiando con esta condición», plantea Andrew Quest, doctor en Bioquímica, director del CEMC y uno de los expositores del encuentro.

Mariana Cifuentes, doctora en Ciencias de la Nutrición e investigadora del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile, expuso en la Summer School in Obesity. A su juicio, «la obesidad es un fenómeno muy alarmante, incluso más porque con los altos números que tenemos, comienza a parecer que es un estado normal. Es una enfermedad seria con graves consecuencias. Tiene muchísimas causas y es necesario abordarla desde distintas perspectivas, cosa que como sociedad no estamos haciendo. No podemos esperar que llegue una cura desde lo farmacológico porque, desde mi perspectiva, eso no va a suceder. Mientras más comprendemos biológicamente la obesidad, más entendemos que poco y nada se puede hacer si los hábitos y el entorno no ayudan con el cambio».

La académica sostiene que «el éxito en combatir la obesidad pasa por una coordinación de la sociedad como un todo, incluyendo autoridades, organizaciones y comunidades, incluso la industria y el comercio, para trabajar alineados por un objetivo común. Sin este acuerdo, no vamos a lograr el objetivo. Llevamos décadas intentando combatir la obesidad y esta solo ha seguido aumentando».

GRASA CORPORAL Y CÁNCER

La doctora Cifuentes, quien también integra el CEMC, así como el Centro Avanzado para Enfermedades Crónicas (ACCDIS) de la Universidad de Chile, ofrecerá la charla «Enfermedades relacionadas con la obesidad: una visión adipocéntrica». La científica explica: «Describiré los problemas de salud metabólica que se asocian a la obesidad. Lo ‘adipocéntrico’ se refiere a que el punto de vista es que el origen de estos problemas está en que la grasa corporal, o tejido adiposo, se encuentra alterada en su funcionamiento, lo cual genera la patología».

Andrew Quest, en tanto, expuso «La conexión de la obesidad con el cáncer». Para el académico de la Universidad de Chile y tambien integrante del Centro Avanzado para Enfermedades Crónicas (ACCDIS), «no hay suficiente conciencia en la población respecto del riesgo que involucra la obesidad en cuanto a después tener, además, cáncer. El exceso de peso es incómodo, genera muchos problemas de movimiento, dificultades físicas, claramente lleva a anomalías cardiovasculares, porque el corazón no está ‘diseñado’ para un peso mayor del que debería una persona tener; se acumulan ácidos grasos en las arterias y estas se obstruyen. Pero el riesgo de sufrir cáncer a partir de cambios en el organismo generados por la obesidad, no está suficientemente visualizado, en circunstancias de que hay suficiente evidencia para decir que la posibilidad de presentar varios tipos de cáncer debido a la obesidad, sin duda se incrementa».

El científico detalla que «está comprobado que tener obesidad se vincula a un mayor riesgo de presentar trece tipos de cáncer. Estos incluyen el adenocarcinoma de esófago, el cáncer de mama en mujeres que hayan pasado por la menopausia, el de colon y recto, el de útero (matriz), el de vesícula, el de estómago (parte superior), el que afecta a los riñones, el de hígado, el de ovario, el de páncreas, el de tiroides, el meningioma (un tipo de cáncer del cerebro) y el mieloma múltiple».

«En diferentes países -complementa el doctor Quest-, se ha visto que las personas con obesidad tienen más posibilidades de presentar esos tipos de cáncer, pero cabe aclarar que no porque estés en condición de obesidad sí o sí vas a padecer cáncer. Quizás por esto se baja el perfil de esta relación, y así no se inquieta tanto a la gente. De todos modos, necesitamos visualizar mucho más el vínculo entre ambas enfermedades, y con mayor fuerza ahora que la expectativa de vida ha aumentado tanto. A principios del siglo XX, en Latinoamérica, por ejemplo, se vivía en promedio hasta los 29 años y el cáncer era mucho menos frecuente. Pero hoy se vive hasta los 80 y más años, como es el caso de Chile; entonces, hoy sí el cáncer es un gran problema, hay muchísimos más casos, y si a esto agregamos que hay más obesidad y que las proyecciones apuntan a que seguirá creciendo el porcentaje de casos, entonces las probabilidades de que haya más cáncer a futuro también se incrementan».

EFECTOS SISTÉMICOS, CAMBIOS QUÍMICOS

A juicio del académico de la Universidad de Chile, «hay que trabajar en torno a prevenir la obesidad o bien, en cuanto una persona esté excedida de peso, a que cambie sus hábitos, porque cuando se avanza en la enfermedad y aparecen los problemas cardiovasculares o el cáncer, ya los riesgos en su salud son más grandes y los costos económicos, mucho mayores».

«Ni hablar del montón de problemas cotidianos que tienen las personas con obesidad, como la dificultad para respirar adecuadamente, agacharse, pararse, sentarse; el tener una menor energía para hacer cosas, etcétera. Todo eso va provocando un círculo vicioso: la persona tiene obesidad, entonces hace menos cosas, se mueve menos, y esto a su vez favorece que siga con obesidad, le produce ansiedad y esta la lleva a comer más…», expone Andrew Quest.

«Junto con todo ello -añade el investigador-, hay efectos sistémicos en el organismo humano, que son cambios químicos que ocurren por la obesidad y que aumentan la posibilidad de hacer otras enfermedades crónicas. Por ejemplo, las personas con obesidad tienen un mayor riesgo de presentar diabetes tipo 2, donde hay una resistencia a la insulina. Esto sucede porque hay una sobrecarga del sistema ante el exceso de ácido grasos».

El doctor en Bioquímica dice que, cuando se come en exceso, «esa comida se almacena en los adipocitos, como grasa. Esos lípidos hacen crecer a los adipocitos, que son las células que acumulan grasas exclusivamente en el tejido adiposo, que es lo que se conoce coloquialmente como la grasa corporal. Entonces, no es que una persona con obesidad tenga necesariamente más adipocitos, sino que el tamaño y volumen de estos aumenta, y este tejido adiposo alterado cambia su comunicación con el entorno: se envían señales moleculares, conocidas como adipoquinas, citoquinas y quimioquinas, entre otras, y estas instruyen a diferentes órganos sobre cómo responder. Entonces la grasa empieza a invadir otros órganos, como el hígado. Un efecto transversal de estas moléculas es la inflamación: la persona con obesidad sufre constantemente de inflamación, lo que implica que le duelen los huesos, los brazos y otras partes. La inflamación hace daño en los tejidos y esto puede ayudar a que las células luego se conviertan en cancerígenas».

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