De acuerdo al último Índice de Competencia en Inglés (English Proficiency Index o EPI por sus siglas) de la empresa internacional de enseñanza de idiomas Education First (EF), Chile se ubica en el lugar 52 de los 113 países rankeados, con una caída de siete puestos a nivel mundial y un retroceso al décimo lugar en Latinoamérica. Una primera lectura de estos resultados podría conducirnos a tener una mirada pesimista del panorama de la enseñanza y aprendizaje de este idioma en nuestro país. Sin embargo, al mirar los datos con detención, podemos sacar conclusiones esperanzadoras para el desarrollo de las competencias idiomáticas en Chile, sobre todo si incluimos en el análisis nuestra evolución en el ranking, los recientes anuncios a nivel de política pública y la percepción de nuestros compatriotas sobre la importancia de la lengua inglesa.
En primer lugar, se observa un progreso considerablemente favorable del nivel de inglés de los chilenos. Muestra de ello es que en el primer EPI, publicado en 2011, Chile obtuvo 444 puntos, ubicándose en la categoría “muy baja competencia” (la más descendida), mientras que en la última edición de este índice, nuestro país alcanzó los 518 puntos, situándose en el nivel de “competencia moderada” (el tercero de cinco escalones), categoría en la que ha logrado permanecer sostenidamente desde el año 2019. En comparación con la OCDE, Chile comparte este nivel con países de primer mundo como Italia, España, Francia, Corea del Sur e Israel y se ubica sobre países como Turquía, Japón y México, los cuales pertenecen a la categoría de “baja competencia”.
En segundo lugar, es posible asociar esta mejora en los resultados a la implementación de políticas públicas y acciones estratégicas que han relevado el aprendizaje del inglés como un componente esencial del desarrollo del país. Al respecto, este año se cumplen dos décadas de la creación del Programa Inglés Abre Puertas (PIAP) del MINEDUC y de la aplicación del primer Diagnóstico Nacional de Inglés. Desde entonces, se han implementado tres SIMCE de Inglés (2010, 2012 y 2014) y un estudio nacional con una muestra acotada de establecimientos (2017). Sumado a ello, un importante número de instituciones de educación superior han incluido el aprendizaje del idioma como componente transversal en sus programas de formación. Asimismo, la oferta de cursos de inglés impartidos por organismos públicos y privados es amplia, lo que da cuenta de la demanda de la población por la adquisición de la lengua. En este sentido, dos recientes anuncios provenientes desde la política pública son indicativos de que el aprendizaje del inglés ocupa un lugar de relevancia en la agenda educativa: por una parte, el regreso del SIMCE de inglés para 2026, tras más de una década sin mediciones de este tipo —esta vez incluyendo también las habilidades de expresión oral y redacción, a diferencia de los SIMCE anteriores que solamente evaluaron comprensión auditiva y lectora— y, por otra, el inicio de la enseñanza del idioma desde primero básico en la propuesta de actualización curricular del MINEDUC, con un enfoque comunicativo e intercultural. En particular, la aplicación de un nuevo SIMCE de inglés nos permitirá constatar si la política pública ha contribuido a reducir las brechas que se han manifestado persistentemente, tanto entre los resultados según la dependencia de los establecimientos —estatales, particulares subvencionados y particulares pagados— como entre los resultados obtenidos versus los esperados (en establecimientos de todas las dependencias).
Por último, según datos del Informe Global del Inglés (2018), elaborado en conjunto por Wall Street English y YouGov, existe un creciente interés por aprender esta lengua en la fuerza laboral chilena. Al respecto, el 85% de los encuestados manifestó estar aprendiendo o tener la intención de aprender inglés y el 71% de ellos señaló que muy probablemente tomarán un curso de inglés en los próximos cinco años. Las motivaciones primarias de quienes ya están aprendiendo el idioma son el desarrollo personal (58%) y el aumento de sus ingresos (58%), mientras que las principales barreras para ello son el costo (53%) y la falta de tiempo (48%). Estas expectativas son coherentes con varios estudios cuyos resultados correlacionan el nivel de inglés con mejoras en los sueldos de los trabajadores.
En conclusión, es posible tener una mirada optimista sobre el desarrollo de las competencias idiomáticas en inglés de los chilenos. Esta mirada entusiasta se fundamenta, como hemos visto, en la evolución positiva de nuestro nivel de inglés, en las políticas públicas en conjunto con acciones estratégicas que hemos tomado como sociedad y en la valoración de la importancia del idioma por parte de la fuerza laboral. Si bien persiste el desafío de reducir las brechas de nivel existentes entre grupos socioeconómicos y entre los resultados actuales y los esperados, podemos asegurar con confianza que, como país, estamos avanzando en la dirección correcta hacia el fomento del bilingüismo.