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Una oración de fin y principio de año. Por Raúl Caamaño Matamala, Profesor Universidad Católica de Temuco

No recuerdo bien cómo, la verdad es que no sé. He buscado la autoría de las palabras que siguen a continuación, y no he conseguido resultados concretos; solo sé que las adopté como unas de tantas oraciones que he coleccionado en mi vida. Las he compartido antes con familiares, amistades, estudiantes, gente buena, y en el momento propicio, como este. Las he repartido oralmente y por escrito. Sé que vienen al caso en estos días y horas en que reflexionamos acerca del querer, del ser, del estar y el devenir. Palabras más, palabras menos, creo profundamente que son oportunas, inspiradas, bien intencionadas. Excusen la intromisión o la irrupción. Les sugiero leerlas en silencio, primero; luego, en voz alta, y si lo quieren y se da el caso, pidan silencio y proclámenlas. Aquí están, aquí van, ya son de ustedes.

Señor, Dios, dueño del tiempo y de la eternidad,
tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro.
Al terminar este año quiero darte gracias
por todo aquello que recibí de TI.

Gracias por la vida y el amor,
por las flores, el aire y el sol,
por la alegría y el dolor,
por cuanto fue posible y por lo que no.

Te ofrezco cuanto hice en este año,
el trabajo que pude realizar
y las cosas que pasaron por mis manos
y lo que con ellas pude construir.

Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé,
las amistades nuevas y los antiguos amores,
los más cercanos a mí y los que estén más lejos,
los que me dieron su mano y aquellos a los que pude ayudar,
con los que compartí la vida, el trabajo, el dolor y la alegría.

Pero también, Señor, hoy quiero pedirte perdón,
perdón por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado,
por la palabra inútil y el amor desperdiciado.

Perdón por las obras vacías y por el trabajo mal hecho,
y perdón por vivir sin entusiasmo.

También por la oración que poco a poco fui aplazando
y que hasta ahora vengo a presentarte.

Por todos mis olvidos, descuidos y silencios,
nuevamente te pido perdón.

En los próximos días iniciaremos un nuevo año
y detengo mi vida ante el nuevo calendario
aún sin estrenar y te ofrezco estos días
que solo Tú sabes si llegaré a vivirlos.

Hoy te pido para mí y los míos la paz y la alegría,
la fuerza y la prudencia, la claridad y la sabiduría.
Quiero vivir cada día con optimismo y bondad
llevando a todas partes un corazón lleno de comprensión y paz.

Cierra Tú mis oídos a toda falsedad y mis labios
a palabras mentirosas, egoístas, mordaces o hirientes.

Abre, en cambio, mi ser a todo lo que es bueno,
que mi espíritu se llene solo de bendiciones
y las derrame a mi paso.

Cólmame de bondad y de alegría para que,
cuantos conviven conmigo o se acerquen a mí
encuentren en mi vida un poquito de TI.

Danos un año feliz
y enséñanos a repartir felicidad.

Amén.

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