No recuerdo bien cómo, la verdad es que no sé. He buscado la autoría de las palabras que siguen a continuación, y no he conseguido resultados concretos; solo sé que las adopté como unas de tantas oraciones que he coleccionado en mi vida. Las he compartido antes con familiares, amistades, estudiantes, gente buena, y en el momento propicio, como este. Las he repartido oralmente y por escrito. Sé que vienen al caso en estos días y horas en que reflexionamos acerca del querer, del ser, del estar y el devenir. Palabras más, palabras menos, creo profundamente que son oportunas, inspiradas, bien intencionadas. Excusen la intromisión o la irrupción. Les sugiero leerlas en silencio, primero; luego, en voz alta, y si lo quieren y se da el caso, pidan silencio y proclámenlas. Aquí están, aquí van, ya son de ustedes.
Señor, Dios, dueño del tiempo y de la eternidad,
tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro.
Al terminar este año quiero darte gracias
por todo aquello que recibí de TI.
Gracias por la vida y el amor,
por las flores, el aire y el sol,
por la alegría y el dolor,
por cuanto fue posible y por lo que no.
Te ofrezco cuanto hice en este año,
el trabajo que pude realizar
y las cosas que pasaron por mis manos
y lo que con ellas pude construir.
Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé,
las amistades nuevas y los antiguos amores,
los más cercanos a mí y los que estén más lejos,
los que me dieron su mano y aquellos a los que pude ayudar,
con los que compartí la vida, el trabajo, el dolor y la alegría.
Pero también, Señor, hoy quiero pedirte perdón,
perdón por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado,
por la palabra inútil y el amor desperdiciado.
Perdón por las obras vacías y por el trabajo mal hecho,
y perdón por vivir sin entusiasmo.
También por la oración que poco a poco fui aplazando
y que hasta ahora vengo a presentarte.
Por todos mis olvidos, descuidos y silencios,
nuevamente te pido perdón.
En los próximos días iniciaremos un nuevo año
y detengo mi vida ante el nuevo calendario
aún sin estrenar y te ofrezco estos días
que solo Tú sabes si llegaré a vivirlos.
Hoy te pido para mí y los míos la paz y la alegría,
la fuerza y la prudencia, la claridad y la sabiduría.
Quiero vivir cada día con optimismo y bondad
llevando a todas partes un corazón lleno de comprensión y paz.
Cierra Tú mis oídos a toda falsedad y mis labios
a palabras mentirosas, egoístas, mordaces o hirientes.
Abre, en cambio, mi ser a todo lo que es bueno,
que mi espíritu se llene solo de bendiciones
y las derrame a mi paso.
Cólmame de bondad y de alegría para que,
cuantos conviven conmigo o se acerquen a mí
encuentren en mi vida un poquito de TI.
Danos un año feliz
y enséñanos a repartir felicidad.
Amén.