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Algas: patrimonio invisible y motor de innovación. Por Dra. Carolina Camus, investigadora del Centro i-mar, Universidad de Los Lagos

.La nutrióloga Catalina Fullerton propone hábitos concretos y sostenibles para incorporar el autocuidado a la rutina diaria. La iniciativa Vive Ligero, del laboratorio Novo Nordisk, invita a dejar de aplazar el cuidado de la salud con herramientas para abordar el sobrepeso y la obesidad

La alianza busca transformar relaves, silicato de hierro y escombros mineros en insumos para infraestructura pública, generando las condiciones técnicas y regulatorias para escalar la economía circular y reducir la huella ambiental del desarrollo de obras en Chile.

Cada temporada es una oportunidad para renovar los espacios donde vivimos. Pensando en ello, las tiendas Ohzar presentan su nueva colección 2026, una propuesta que combina diseño, funcionalidad y las últimas tendencias en decoración para ayudar a transformar cualquier ambiente del hogar en un lugar más cálido, armónico y acogedor.

No es posible caminar por el borde costero sin verlas u olerlas; ahí están creciendo sobre las rocas agitadas fuertemente por la fuerza de las olas y otras veces varadas sobre la arena. Las encontramos en variadas formas y tamaños, y en una amplia gama de colores: verdes, pardos y rojos. Las algas, muchas veces invisibilizadas, forman parte de nuestra vida cotidiana. Más allá del luche, ulte y cochayuyo que degustamos en múltiples preparaciones, también están presentes en una amplia variedad de alimentos y productos a través de la presencia de sus carbohidratos que entregan cremosidad a los helados, espesan cremas cosméticas, y gelifican jaleas y postres.

En Chile forman parte de un patrimonio cultural profundo. Desde tiempos ancestrales, comunidades costeras del sur del país las han recolectado para alimento, medicina y abono. En sus manos, las algas no son un simple recurso: son parte de una forma de vida ligada al mar que se remonta a más de 12,000 años atrás, de acuerdo con la evidencia arqueológica encontrada en Monte Verde. Hoy, esa tradición se cruza con el futuro. La acuicultura y la biotecnología abren nuevas posibilidades para estos organismos productores primarios: sus constituyentes permiten la producción de bioplásticos que podrían reemplazar derivados del petróleo, bioestimulantes agrícolas que mejoran suelos y cultivos, alimentos más saludables y, además, provisión de importantes servicios ecosistémicos.

El Día de las Algas, que celebramos en octubre, es una invitación a mirar con otros ojos a estos organismos que sostienen océanos, comunidades y economías. Es un día para reconocer que, aunque muchas veces invisibles, las algas están presentes en nuestra vida diaria, en nuestras tradiciones y en avances científicos que apuntan al futuro.

Celebrar este día no es solo un gesto simbólico; es una forma de comprometernos con la protección de los ecosistemas costeros y con el impulso de soluciones basadas en la naturaleza frente a las múltiples crisis climáticas. Las algas, silenciosas e imprescindibles, merecen un lugar en la conversación pública. Reconocerlas es también evidenciar que el mar no termina en la orilla, sino que empieza allí una riqueza que debemos cuidar.

 

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