La Dirección del Trabajo publicó el Dictamen 252/20 y los medios lo celebraron como una “flexibilización” del artículo 22 inciso 2°. Las empresas respiraron aliviadas, pero hay una línea que casi nadie leyó con cuidado.
El dictamen dice que registrar el horario es compatible con tener a un trabajador excluido de jornada. En otras palabras: puedes marcar entrada y salida todos los días, y aun así tu empleador puede alegar que ese reloj no prueba nada.
Lo que el dictamen le entregó al empleador fue una autorización para cumplir la forma sin asumir el fondo.
Y tiene razón jurídica en decirlo. El registro solo, sin control real, no configura fiscalización superior inmediata. Lo acepta la DT. Lo puede argumentar cualquier abogado de empresa.
Pero en tribunales, ese mismo registro va a ser el documento que el trabajador ponga sobre la mesa. Y el juez —bajo primacía de la realidad— tendrá que decidir: ¿este control era real o era solo un papel conveniente?
La carga probatoria quedó flotando en el aire.
Y esa zona gris es mucho más fácil de habitar para el empleador, que tiene abogado desde el día uno y organiza los hechos antes de que nazca el conflicto.
El trabajador, en cambio, tiene que atreverse a reclamar.
La primacía de la realidad no se activa sola. La activan los trabajadores que denuncian.
Mientras eso no ocurra, esto no es neutralidad. Es una toma de posición disfrazada de tecnicismo.