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Salió de Carabineros tras 20 años y hoy lidera cinco empresas desde El Tabo: “Estoy cumplido mis sueños”

En 2020, Cristián Rebolledo, quien incluso formó parte del GOPE, decidió dar un giro radical en su vida. Cerró su etapa como policía y comenzó a emprender desde la Región de Valparaíso, primero con un restaurante y luego con centros de eventos, sentando las bases de su actual desarrollo empresarial. Hoy sus negocios le dan trabajo a más de 60 trabajadores.

En plena pandemia, cuando Chile y el mundo enfrentaban la incertidumbre del coronavirus, Cristián Rebolledo (44) colgó el uniforme de Carabineros. Tras dos décadas de carrera institucional, que lo llevó incluso a integrar el Grupo de Operaciones Policiales Especiales (GOPE), decidió apostar por algo que siempre había llevado dentro: el universo de los eventos y la gastronomía. Seis años después, esa apuesta saca cuentas alegres: lidera cinco empresas ya consolidadas.

En El Tabo opera el restaurante Puerto Castilla y el Centro de Eventos Playa Castilla Lounge; en Talagante, el Centro de Eventos Hacienda Loreto; y desde Santiago, Banquetería Cristián Rebolledo y Huracán Arriendos, firma que tiene junto a su socio y amigo Luis Pérez. Un ecosistema levantado desde cero en torno a la producción de eventos.

«Siempre me motivó la idea de crear experiencias que hicieran felices a las personas. Que la gente lo pase bien, ya sea en torno a un buen almuerzo, una cena o un matrimonio inolvidable», comenta el empresario, que suele documentar parte de su labor diaria en Instagram (@cristianrebolledocl, 12 mil seguidores).

Su camino laboral, sin embargo, estuvo lejos de ser sencillo. La emergencia sanitaria golpeó de lleno sus primeros pasos como emprendedor. “Lo primero que levanté después de salir de Carabineros fue el restaurante, y con él estuvimos mucho tiempo parados, cerrados, no se podía hacer nada”, recuerda él, quien asegura que “todos mis ahorros se iban en mantener el sitio en sueldos”. “Llegué a estar muy frustrado”, reconoce.

Por si fuera poco, un hurto agravó aún más su situación financiera. “Desarrollando actividades con una de las empresas sufrimos el robo de 60 millones de pesos, eso fue un golpe terrible. Pero a pesar de todo, seguimos firmes y de a poco fuimos saliendo adelante”.

La recuperación llegó primero de la mano de su restaurante, que comenzó a recibir comensales principalmente los fines de semana. Con la mejora de su situación, dio el siguiente paso y giró hacia sus centros de eventos, orientados principalmente a la celebración de matrimonios. Inmerso ya en el ambiente de la producción, sumó la banquetería y fundó una firma dedicada al arriendo de equipamiento para celebraciones. Todo en poco más de un lustro.

“Con mucho sacrificio, he podido cumplir mis sueños. El trabajo ha sido mi mayor aliado, aunque debo reconocer que haber sido carabinero me ayudó muchísimo”, señala. Según Rebolledo, la disciplina forjada en la vida institucional, el sentido de liderazgo y la cultura de equipo resultaron claves en su reconversión. “Como policía enfrentas mucha presión, estrés y responsabilidad. Quizás sin quererlo, eso me preparó para gestionar los desafíos de este nuevo mundo, así como para trabajar en sintonía con otros”, ejemplifica.

Actualmente, Rebolledo lidera un equipo de trabajo que fluctúa entre 50 y 60 personas en ciertos periodos del año. Esta cifra puede acrecentarse dependiendo de sus eventos, con contrataciones por honorarios. “Tal vez el mayor desafío que enfrento es comunicarme con muchas personas, vincularme de manera efectiva con ellas y alinearlas en torno a un objetivo común”, comenta.

“En el fondo, seguí haciendo lo mismo que siempre me gustó: organizar, prever, cuidar los detalles. Solo cambié de uniforme”, retoma, entre risas. “En lugar de coordinar procedimientos policiales, suelo coordinar celebraciones. Y cuando todo sale bien y ves a la gente feliz, la sensación de deber cumplido es prácticamente la misma”, concluye.

Feriante, garzón y cocinero juvenil

Antes de ingresar a Carabineros, Rebolledo acumuló experiencia laboral desde muy joven. Pasó su niñez acompañando a su padre comerciante a distintas ferias libres de Santiago. Fue en ese entorno donde, desde la adolescencia, se formó en la lógica del oficio independiente.

“Mi viejo, siempre humilde, me enseñó que el esfuerzo honesto, cualquiera sea, te da dignidad”, recuerda. Más adelante, tras ingresar a estudiar gastronomía en un colegio técnico, comenzó a desempeñarse como garzón y cocinero en eventos. Tenía 13 años.

“El papá de un amigo tenía un emprendimiento de producción de eventos, me ofreció participar en uno y para mí fue una revelación ”, rememora. Lo que más le atrajo, según precisa, fue alternar entre la cocina y la atención de los comensales. En ese entorno encontró a su primer mentor. “Francisco Gutiérrez, Panchito, era el dueño de la empresa. Él me enseñó todo lo que sabía, y lo que no, lo aprendí mirando”, cuenta.

Aunque tenía clara su inclinación, a los 18 años Rebolledo optó por ingresar a Carabineros, siguiendo el consejo de su hermano, también funcionario. Durante su paso por la institución mantuvo vivo ese interés y, con el tiempo, comenzó a hacerse cargo de pequeños eventos para colegas los fines de semana: bautizos, cumpleaños y otras celebraciones. “Me sirvieron para ganar experiencia y confirmar que esto era lo mío. Sin darme cuenta, esa actividad paralela se transformó, con los años, en la base de mi oficio actual”, cierra.

 

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