La entrada en vigor del Sistema de Finanzas Abiertas en Chile marca un punto de inflexión para el sistema financiero del país y la región. Sin embargo, el foco del debate sigue estando en la normativa, cuando el verdadero desafío, y donde se jugará el éxito del modelo, está en la implementación.
Chile ha optado por un enfoque ambicioso, alineado con estándares internacionales que elevan significativamente las exigencias en materia de seguridad, autenticación y gestión del consentimiento, con un nivel de exigencia que aún no se ha implementado en otros países. Esto no es un detalle menor: implica rediseñar una parte crítica de cómo funcionan hoy las plataformas de las entidades financieras. En la práctica, esto supone abordar simultáneamente tres dimensiones clave:
Primero, la infraestructura tecnológica
Adoptar estos estándares no es como incorporar una nueva funcionalidad sobre los sistemas actuales. Es un proyecto estructural que requiere rediseñar parte de la arquitectura tecnológica, integrar nuevos componentes y coordinar múltiples áreas. Además, exige habilitar capacidades de obtención y explotación de datos en tiempo real, que permitan cumplir con la norma y mejorar tanto los productos como la forma en que se ofrecen a los clientes. En la práctica, implica evolucionar hacia modelos donde las API, es decir, interfaces de programación de aplicaciones, son el centro, incorporar soluciones avanzadas de gestión de identidad y asegurar la conexión con elementos clave del ecosistema, como el directorio de participantes o el entorno de pruebas de la CMF (Comisión del Mercado Financiero). En este contexto, cobra especial importancia contar con un buen gobierno de las API, entendiéndolas como las “articulaciones” que hacen funcionar todo el sistema tecnológico al servicio del negocio, y que deben poder adaptarse de forma ágil, tanto a nuevos requerimientos regulatorios como a nuevas oportunidades comerciales.
Segundo, la gestión del consentimiento del cliente y del dato
Open Finance no consiste solo en compartir información, sino en hacerlo de forma controlada, transparente y verificable para el cliente y el regulador. Esto obliga a las entidades a revisar todo el proceso de relación: desde cómo se solicita y autoriza el consentimiento, hasta cómo se guarda la evidencia para demostrar que se ha hecho correctamente en caso de supervisión.
En el caso de Chile, además, la regulación define un estándar técnico que permite capturar el consentimiento del cliente con una granularidad mayor que en otros países. Esto abre la puerta a personalizar las operaciones de forma mucho más precisa y segura, habilitando casos de uso de alto valor añadido. Por ejemplo, será posible compartir información de una cuenta bajo condiciones específicas, como un periodo de tiempo concreto, un tipo de producto o determinadas categorías de ingresos y/o gastos. En el ámbito de pagos, también se habilitan capacidades como los pagos recurrentes variables, que permitirán optimizar procesos como el pago de suscripciones o recaudos de suministros, mejorando la experiencia del cliente y los costos de procesamiento para las compañías recaudadoras.
Y tercero, la coordinación regulatoria
En mercados como Chile, donde coincide la implementación de varias normativas (Ley Fintec, Ley de Protección de Datos Personales y Ley de Deuda Consolidada), el reto no es cumplir cada una por separado, sino integrarlas en un modelo único que conecte tecnología, procesos y gestión del dato sin generar duplicidades o inconsistencias.
Aquí es donde muchas organizaciones subestiman la complejidad. No se trata solo de desarrollar API, sino de tomar decisiones de fondo: qué capacidades desarrollar internamente, cuándo apoyarse en terceros, cómo priorizar inversiones y, sobre todo, cómo conectar el cumplimiento regulatorio con la generación de negocio. Y ese es el otro gran punto: Open Finance no es solo un ejercicio de cumplimiento, es una oportunidad estratégica
Las entidades que lideren esta transformación no serán necesariamente las que cumplan primero, sino las que sean capaces de construir propuestas de valor sobre esta infraestructura: desde la agregación de información financiera, hasta la iniciación de pagos o el desarrollo de servicios financieros embebidos en plataformas de terceros no financieros. El valor no está en la API, sino en lo que se construye encima de ella.
Desde nuestra experiencia en la región, acompañando tanto a reguladores como a entidades financieras, vemos que los proyectos que avanzan con éxito comparten tres elementos: una lectura temprana de los estándares, una hoja de ruta que contemple esfuerzos de inversión en el corto, mediano y largo plazo, y un modelo de trabajo y organizacional que integre negocio, tecnología y cumplimiento desde el inicio.
En nuestro, caso desde Minsait Business Consulting (Indra Group), hemos participado activamente en este proceso: desde el diseño del entorno de pruebas y de las API normativas de la CMF en Chile, en colaboración con el Banco Interamericano de Desarrollo y OpenID Foundation, hasta el acompañamiento a entidades en la transformación de su arquitectura y modelos de negocio con el diseño y desarrollo de casos de uso. Este posicionamiento nos permite no solo entender los estándares, sino aplicarlos en la práctica.
El mensaje es claro: Open Finance ya no es una promesa, es una realidad en ejecución. Y en esta nueva fase, la ventaja competitiva no estará en entender la norma, sino en saber implementarla con visión de negocio.