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Las matemáticas siempre fueron nuestras. Por Carolina Rey, académica del Departamento de Matemática Universidad Técnica Federico Santa María

Cada 12 de mayo se conmemora el Día Internacional de las Mujeres en la Matemática. Una fecha que no debería ser necesaria, y que al mismo tiempo lo es más que nunca.

Desde hace mucho circula la idea de que las mujeres no son tan buenas para las matemáticas. Es un mito que no se sostiene con evidencia, pero sí con hábitos: comentarios en la sala de clases, expectativas distintas según el género, miradas que pesan. Y aunque parezca inofensivo, ese tipo de idea moldea decisiones, frena vocaciones y cierra puertas antes de que alguien se asome a mirar qué hay detrás.

La matemática, en sí misma, no entiende de estereotipos. Es una práctica que se construye con curiosidad, con terquedad, con ganas de seguir cuando algo no resulta a la primera. Nada de eso es exclusivo de ningún género.
Parte del problema es que las referencias importan. No porque no hayan existido mujeres matemáticas, sino porque muchas de ellas tuvieron que abrirse camino contra la corriente, y sus aportes fueron ignorados o minimizados. Cuando no hay modelos visibles, es difícil imaginar que ese camino también es para una. Por eso tiene tanto valor nombrarlas, estudiarlas y reconocerlas, algo que cada vez más personas dentro y fuera de las aulas están haciendo.

En las últimas décadas se ha avanzado, y eso es real. Los estereotipos no desaparecen de un día para otro, pero sí se transforman cuando cambia lo que construimos día a día en nuestros espacios: cómo enseñamos, cómo nos apoyamos, cómo celebramos los logros de quienes nos rodean.

Vale la pena detenerse aquí en algo más profundo: a lo largo de la historia, las mujeres han hecho matemática sin que nadie la llamara así. En los tejidos con patrones que exigen precisión geométrica, en la costura que requiere cálculo y proyección, en las cocinas donde se trabaja con proporciones, tiempos y transformaciones. Ese pensamiento también es matemático, aunque rara vez haya recibido ese nombre. Reconocerlo nos recuerda por qué importa tanto crear espacios donde ese vínculo sea explícito, celebrado y cultivado desde temprano.

En el Departamento de Matemática de la Universidad Técnica Federico Santa María, ese es precisamente nuestro compromiso. El 12 de mayo, en el Campus San Joaquín, se realizará una jornada con charlas, conversatorios y espacios de divulgación. En Valparaíso, ya se llevó a cabo «Collage matemático: Historias de mujeres que construyen ciencia», un encuentro que abrió conversaciones sobre experiencias y trayectorias en la disciplina. Y durante el mes habrá actividades dirigidas a estudiantes de enseñanza media, para acercar la matemática y la programación de manera cercana y colaborativa.

Las matemáticas siempre fueron nuestras. Y el mejor momento para decirlo en voz alta es ahora.

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