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No basta con vivir más: el gran desafío es vivir con funcionalidad. Por Margarita Frias, Académica Carrera de Kinesiología Universidad de Las Américas, Sede Concepción

Con una trayectoria cercana a los cien años formando profesionales, la PUCV pone a disposición de los estudiantes espacios presenciales y digitales para resolver dudas sobre carreras, puntajes y vida universitaria.
Durante años se ha celebrado un logro indiscutible: vivimos más que las generaciones anteriores. Sin embargo, a medida que aumenta la esperanza de vida, surge una pregunta que merece mayor atención: ¿estamos garantizando que esos años se vivan con autonomía, participación y capacidad de decisión?
El verdadero desafío del envejecimiento no consiste únicamente en alcanzar una mayor longevidad, sino en conservar las capacidades necesarias para seguir siendo protagonistas de nuestras propias historias.
La funcionalidad suele asociarse exclusivamente a la capacidad física, pero su significado es mucho más amplio. Implica la posibilidad de decidir cómo queremos vivir, integrarnos activamente en la comunidad, mantener relaciones significativas y conservar el control sobre nuestra propia existencia. Cuando esta se ve afectada, también disminuye la independencia y aumenta la necesidad de apoyo para realizar actividades de la vida diaria.
Desde la Kinesiología se observa que la funcionalidad no se pierde de un día para otro; por el contrario, se fortalece o deteriora a través de pequeñas acciones cotidianas. La disminución de la fuerza muscular, el equilibrio o la movilidad, suele avanzar de manera silenciosa, hasta que tareas tan simples como levantarse de una silla, caminar algunas cuadras o subir escaleras, comienzan a convertirse en un desafío.
Como sociedad, se sigue normalizando situaciones que no debieran considerarse habituales. Se escucha con frecuencia que «a cierta edad es normal quedarse en casa» o que «las personas mayores ya deben descansar». No obstante, la evidencia demuestra que mantenerse físicamente activo, realizar ejercicios de fuerza y equilibrio, participar en espacios comunitarios y fortalecer los vínculos sociales, contribuye significativamente a preservar la funcionalidad y el bienestar. Asimismo, acciones tan sencillas como caminar regularmente, levantarse y sentarse varias veces desde una silla o utilizar las escaleras cuando sea posible, pueden marcar una diferencia importante en la conservación de la independencia.
Porque vivir más es un gran logro. Pero vivir más manteniendo la capacidad de decidir, participar y disfrutar de aquello que da sentido a nuestra existencia es, sin duda, uno de los mayores desafíos de una sociedad que envejece.

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