Por años la educación menstrual ha ocupado un lugar secundario dentro de la formación escolar. Aunque la menstruación es una experiencia biológica habitual para millones de niñas y adolescentes, todavía se enseña de manera superficial, limitada casi exclusivamente a contenidos reproductivos y preventivos. Gracias a este vacío las redes sociales comenzaron a ocupar el rol protagónico que antes pertenecía a la escuela y a los equipos de salud.
Hoy, plataformas como TikTok, ofrecen miles de videos sobre salud menstrual, ciclo hormonal, dolor menstrual, síndrome premenstrual o endometriosis. Para muchas jóvenes, ese contenido se ha transformado en la principal fuente de información y orientación. Entonces, observamos con preocupación que aún existen importantes vacíos en educación menstrual y en la manera en que estamos abordando estos temas.
La educación menstrual sigue marcada por silencios, estigmas y desinformación. En diversos contextos educativos, todavía cuesta hablar de menstruación desde una perspectiva integral, vinculada al bienestar, la salud mental, el autocuidado y la calidad de vida. Se enseña qué es el ciclo menstrual, pero rara vez se conversa sobre cómo reconocer síntomas de alerta, cuándo consultar o por qué un dolor incapacitante no debería considerarse normal.
En este escenario las redes sociales han logrado la cercanía que los espacios formales en muchas oportunidades no consiguen. Las adolescentes encuentran allí relatos con los que se identifican, respuestas rápidas y un lenguaje sencillo para hablar de experiencias que históricamente estuvieron rodeadas de incomodidades. Muchas jóvenes han escuchado por primera vez conceptos como endometriosis o salud hormonal fuera de una consulta médica y lejos de las salas de clases.
Sin embargo, la circulación de información sin evidencia científica, los diagnósticos simplificados y la difusión de recomendaciones sin supervisión profesional, pueden generar confusión y retrasar consultas oportunas. Cuando la educación en salud queda en manos de las redes sociales, lo más visible no siempre coincide con lo correcto, por lo que no podemos desconocer estos riesgos.
Pero la discusión no debería centrarse únicamente en cuestionar TikTok. Estas plataformas digitales no crearon la necesidad de información, sino que respondieron a una ausencia previa. Mientras la educación menstrual siga siendo insuficiente o incómoda dentro de las escuelas, las redes sociales continuarán ocupando ese espacio.
La salud menstrual requiere una educación actualizada, cercana y basada en evidencia. Hablar de menstruación no puede seguir siendo un tema marginal dentro de la formación de niñas y adolescentes.