Buscar

El orgullo y la deuda en salud. Por Alejandro Gómez, académico del programa de Medicina Familiar y comunitaria UDP.

Con una trayectoria cercana a los cien años formando profesionales, la PUCV pone a disposición de los estudiantes espacios presenciales y digitales para resolver dudas sobre carreras, puntajes y vida universitaria.

Hay pocas historias tan extraordinarias en la medicina moderna como la del VIH. Hace apenas cuatro décadas, un diagnóstico significaba una sentencia de muerte. Hoy, gracias a los avances científicos, millones de personas viven con una expectativa de vida cercana a la de la población general. La profilaxis preexposición (PrEP), los tratamientos antirretrovirales de alta eficacia y las estrategias de diagnóstico temprano han transformado una de las mayores crisis sanitarias del siglo XX en una condición crónica controlable.

Sin embargo, cuando observamos los datos internacionales más recientes, emerge una paradoja inquietante. La ciencia ha avanzado más rápido que la sociedad.

Europa, Estados Unidos y América Latina exhiben progresos indiscutibles. El Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades reporta que la expansión de las estrategias preventivas ha contribuido a reducir la incidencia en múltiples países. En Estados Unidos, el conocimiento y uso de la PrEP ha aumentado de forma sostenida. En América Latina, la Organización Panamericana de la Salud informa que 24 países ya han incorporado esta estrategia como política pública. Nunca habíamos dispuesto de tantas herramientas para prevenir infecciones, prolongar la vida y mejorar la calidad de la atención.

Y, sin embargo, las desigualdades persisten con una obstinación casi geológica.

Los mismos informes muestran que las nuevas infecciones siguen concentrándose en grupos históricamente marginados: personas transgénero, trabajadores sexuales y poblaciones migrantes. No se trata de una coincidencia epidemiológica, se trata de una consecuencia social.

La enfermedad rara vez se distribuye al azar. Las infecciones, los diagnósticos tardíos y las muertes evitables suelen seguir las mismas rutas que la pobreza, la discriminación y la exclusión. Allí donde las personas enfrentan barreras para acceder a educación, empleo, vivienda o atención sanitaria, la vulnerabilidad se multiplica.

En Atención Primaria, esta realidad es evidente. La salud sexual no comienza cuando una persona solicita una prueba de VIH ni termina cuando recibe un tratamiento. Comienza mucho antes: en el colegio que enseña, o silencia, la educación sexual; en la familia que acoge o rechaza; en la población, donde una persona puede vivir con seguridad o esconder quién es; en el centro de salud donde encuentra respeto o evidencia una sospecha.

Reducir la discusión a medicamentos o tecnologías resulta insuficiente. Los sistemas sanitarios pueden ofrecer PrEP, pruebas diagnósticas y tratamientos de última generación, pero si las personas siguen temiendo ser juzgadas, discriminadas o invisibilizadas, esas herramientas pierden gran parte de su potencia transformadora.

La evidencia acumulada por la OMS y la OPS demuestra que el estigma sigue siendo uno de los principales determinantes de la salud sexual. No es una metáfora, es un factor de riesgo tan concreto como cualquier agente biológico. Produce retraso diagnóstico, abandono de controles, deterioro de la salud mental y aumento de la mortalidad evitable.

Cada junio, el Mes del Orgullo nos recuerda una conquista histórica de derechos. Pero también expone una pregunta que incomoda. Si la medicina ha logrado convertir al VIH en una enfermedad controlable, ¿por qué seguimos observando desigualdades tan profundas en quién enferma, quién accede al tratamiento y quién sobrevive?

Quizás porque el verdadero desafío nunca fue únicamente vencer a un virus. El desafío es construir sociedades capaces de reconocer igual dignidad en todas las vidas.

Y esa es una tarea para la cual todavía no existe vacuna. Ni tratamiento. Ni sustituto posible para la justicia social.

 

noticias relacionadas

La paradoja de Psique, el tesoro cósmico que no podemos gastar. Por Manuel Reyes – Académico Facultad de Ingeniería UNAB

La montaña no perdona la improvisación. Por Felipe Estay Delgado, Académico y Secretario de Estudios, Ingeniería en Gestión de Expediciones y Ecoturismo

Minería de Precisión: la era de la innovación analítica en Chile. Por Dionisio Ottoboni, Director de Instrumentos Analíticos de Thermo Fisher Scientific para América Latina

Productividad quirúrgica y sostenibilidad del sistema público. Por Jorge Galleguillos Möller, gerente general de GesNova Salud, ex director del Servicio de Salud Iquique