Desarrollaron un instrumento capaz de pronosticar la intensidad del oleaje en la costa con hasta una semana de anticipación. Cinco categorías determinan qué tan fuerte será el fenómeno en el borde costero y cómo este afectará a la población, las playas y la infraestructura. La iniciativa entrega diariamente la información del pronóstico a distintas instituciones encargadas de emitir alertas, prevenir riesgos y gestionar emergencias.
En las últimas décadas, tanto la frecuencia como la intensidad de las marejadas han aumentado, y se proyecta que esta tendencia continúe debido al cambio climático, lo que hace que el extenso litoral chileno sea particularmente vulnerable.
En este contexto, un grupo de especialistas desarrolló un innovador sistema capaz de pronosticar la presencia de oleaje extremo en la costa, de manera de adelantarse a eventos que podrían afectar a la población costera, las playas y su infraestructura.
Este consta de un modelo de pronóstico de oleaje alojado en la Universidad de Valparaíso, el cual es capaz de predecir eventos de marejadas hasta siete días antes. Además, cuenta con distintas cámaras de monitoreo del borde costero. En el caso de Valparaíso, se encuentran ubicadas en las playas de Reñaca, Acapulco, Las Torpederas y avenida Perú, imágenes que se transmiten en tiempo real a través del canal de Youtube @MarejadasUV, el cual acumula más de 9 mil suscriptores. También cuentan con cámaras desde Tarapacá hasta el Biobío, incluido Rapa Nui.
Catalina Aguirre, investigadora del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia CR2, señaló que diseñaron este sistema de pronóstico de impactos de marejadas “tras el gran temporal del 8 de agosto del año 2015”.
Escala de intensidad
Los investigadores crearon una escala de cinco niveles para determinar el impacto que tendría el oleaje extremo sobre la zona costera, en lenguaje simple y para la comprensión de toda la ciudadanía y las instituciones asociadas al apoyo de emergencia. “Una de las motivaciones para el desarrollo de esta escala es que la actual solo considera dos categorías (marejadas normales y anormales), la cual es bastante útil para avisos de marejadas a nivel regional, ya que Chile cuenta con una costa particularmente extensa. Sin embargo, a nivel costero, como bahías y playas, una escala con mayor número de categorías puede representar de mejor forma los impactos locales”, explicó Catalina Aguirre, quien también se desempeña como académica en la Escuela de Ingeniería Oceánica de la Universidad de Valparaíso.
El flujo de comunicación entre los investigadores y las instituciones del Estado consta en informar, a través de esta escala, al Servicio Meteorológico de la Armada, al Servicio Nacional de Prevención y Respuesta a Desastres, y al Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura, quienes informan finalmente a la comunidad.
El nivel inicial de este sistema es la ausencia total de impacto, que corresponde a condiciones normales de oleaje (N), ya que no se producen interrupciones en las actividades habituales de la zona costera. El siguiente nivel contempla impactos menores en las actividades (N+), sirviendo como etapa de transición entre condiciones normales y extremas.
En la primera categoría de marejadas (M1), comienzan a manifestarse los efectos en las actividades en la zona costera. Los siguientes niveles —M2, M3 y M4— describen la intensificación progresiva de los impactos en todas las áreas, incluyendo playas y rompeolas. Los daños a la infraestructura comienzan en la categoría M3. Finalmente, el nivel más alto (M5) indica un impacto severo en todas las dimensiones, representando el peor escenario posible.
Los impactos analizados para desarrollar este sistema se dan en playas con estructuras adyacentes (playas urbanas) y rompeolas con paseos costeros. En ambas zonas, las marejadas pueden provocar impactos, afectando las actividades socioeconómicas, como la pesca desde la costa, el buceo y los deportes de playa, así como la infraestructura y el mobiliario, y pueden provocar la erosión de las playas.