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Gasto de bolsillo: cumplir antes que crear. Por Patricio Huenchuñir, vicepresidente ejecutivo de ASILFA A.G.

Con una trayectoria cercana a los cien años formando profesionales, la PUCV pone a disposición de los estudiantes espacios presenciales y digitales para resolver dudas sobre carreras, puntajes y vida universitaria.

La propuesta de crear un fondo estatal para medicamentos ambulatorios tiene el mérito de instalar una discusión urgente: el alto gasto de bolsillo que enfrentan muchas familias para sostener sus tratamientos. Es un problema real, especialmente para enfermos crónicos, adultos mayores y hogares vulnerables que muchas veces deben elegir entre comprar sus fármacos o cubrir otras necesidades básicas.

Precisamente por lo crítico de esta situación, la respuesta no puede limitarse a un nuevo instrumento si antes no somos capaces de hacer funcionar los que ya existen. En Chile no falta arquitectura institucional. Contamos con el GES, la Ley Ricarte Soto y el Fondo de Farmacia (FOFAR) para enfermedades crónicas en atención primaria, entre otros mecanismos. El punto es que esa garantía no se traduce en acceso oportuno.

Esa es la diferencia entre cobertura formal y disponibilidad efectiva. No basta con que una terapia esté en una canasta, incorporado en un programa o financiada en el papel. Debe estar disponible cuando la persona lo necesita, en el lugar donde se atiende y con la continuidad requerida. Cuando eso no ocurre, el costo se traspasa a las familias, incluso en terapias que el propio sistema ya se comprometió a financiar.

Las causas son conocidas. A veces las canastas no se actualizan al ritmo de la realidad clínica. En otros casos la activación del beneficio resulta engorrosa o poco clara. También existen problemas de abastecimiento, fragmentación entre niveles de atención y dificultades para que los distintos programas conversen entre sí. El resultado es una experiencia que obliga a los pacientes a terminar comprando por fuera aquello que debiera estar disponible en la red sanitaria.

Por eso, antes de sumar una nueva sigla, debiésemos preguntarnos por qué los mecanismos actuales no están cumpliendo su propósito. El desafío no es solo financiar más, sino mejor; no es solo crear fondos, sino asegurar que cada peso público llegue efectivamente al tratamiento correcto, en el momento preciso y a la persona que lo necesita.

 

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