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Publicidad versus contenido: cuando las promesas dejan de ser suficientes. Por Cristopher Guzmán, director de la agencia The Key Digital

Con una trayectoria cercana a los cien años formando profesionales, la PUCV pone a disposición de los estudiantes espacios presenciales y digitales para resolver dudas sobre carreras, puntajes y vida universitaria.

Durante años, la publicidad tuvo el poder de construir percepciones con relativa facilidad. Bastaba una buena campaña, una promesa atractiva y una inversión suficiente para instalar una imagen en la mente de las personas. Hoy las marcas conviven con clientes que comentan, recomiendan, critican y comparan experiencias de manera constante. Lo que antes quedaba en una conversación privada ahora puede llegar a miles de personas en cuestión de horas gracias a la “magia” de internet.

La experiencia pasó a formar parte de la comunicación. Un anuncio puede despertar interés, pero son los puntos de contacto con la marca los que terminan definiendo la opinión de un cliente. La rapidez de una respuesta, la calidad de un producto o la forma en que se resuelve un problema tienen un peso que ninguna campaña puede reemplazar. Cuando existe una diferencia entre lo que se promete y lo que se entrega, esa brecha suele hacerse visible rápidamente.

La publicidad sigue siendo una herramienta necesaria para dar a conocer productos, servicios o propuestas de valor. El contenido, en cambio, cumple otra función: ayuda a informar, orientar, entretener o responder inquietudes. Podría decirse que son el Yin y Yang de la comunicación digital: una impulsa resultados inmediatos y la otra construye relaciones en el tiempo.

Los creadores de contenido encarnan bien la lógica del Yang dentro de este equilibrio. Su influencia nace de la relación que mantienen con sus audiencias y de la percepción de autenticidad que logran transmitir. Las colaboraciones más efectivas son aquellas donde la marca aparece integrada a una experiencia real y reconocible para quienes la siguen.

La discusión ya no pasa únicamente por cuánto invierte una empresa en comunicación, ya sea en publicidad o contenido, el Yin o el Yang, sino por la coherencia entre cada mensaje y cada experiencia que genera. La publicidad puede abrir una puerta y el contenido puede mantener el interés, pero lo que termina definiendo la relación con las personas ocurre después: en la capacidad de la marca para responder a las expectativas que ella misma ayudó a crear.

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